TIEMPOS POST-ELECTORALES ( Una lección de Gorka Landaburu)

Gorka Landaburu

He comprobado que en las últimas columnas el yo se me ha ido a la tercera persona. Ha sido, como se decía antes, sin querer, y probablemente porque que el sociólogo que habita en mi cerebro frontal ha decidido que así podría manifestarse más objetivamente.

Hoy, sin embargo, me he dado cuenta de que el encanto y el encantamiento que proporciona la distancia de la tercera persona, ya se me había roto en la noche electoral que había seguido en ETB.

Pues en esa tertulia de deseos que opinan sobre datos aflorantes sin cesar, en su división mediatica, hubo un breve intercambio entre Gorka Landaburu ,periodista de larga y brillante trayectoria, y una opinante del gremio cuyo nombre no termino de recordar.

Esta señora afirmó en un momento que lo que más le dolía era el ascenso electoral que ya por entonces estaba teniendo EH- Bildu, «los herederos de ETA» que «todavía no han condenado la violencia». Landaburu le contestó diciendo que probablemente mucha gente, mayormente joven, ya no veía así a EH- Bildu sino más bien como una opción de izquierdas y que se alegraba del nuevo rumbo de ese mundo abertzale alejado ya definitivamente de la violencia armada y con un creciente contenido social en su programa.

Respondió la contertulia reiterando que no se podía hacer borrón y cuenta nueva, después de tanto sufrimiento…Y Gorka Landaburu se limitó a cabecear mostrando tímidamente las amputaciones que sus manos debieron sufrir tras estallar un paquete – bomba de ETA en 2001.

Y es que hay algunos y algunas que, tras muchos años pidiendo que ETA renunciara a las armas, no pueden aceptar que se haya creado, por cierto dificultosamente, una vía estrictamente politica, y que continúan intentando extraer, como sea, una plusvalía innoble.

Por todo ello, Gorka Landaburu me devolvió con su intervención al tú a tú, y de ahí recuperé la primera persona comprendiendo la gran lección que estaba dando. Claro que de casta le viene al galgo, hijo como es de Francisco Javier Landaburu, vicepresidente del Gobierno Vasco en el exilio…

IZQUIERDAS ,DERECHAS ( y «Capitalismo de la vigilancia»)

Puede ser, sin duda, cierto ( y como ha comentado un viejo amigo) que en política sería mejor atenerse más a los hechos y menos a las palabras. Se trata de una receta antigua que, al menos en términos de Ciencia Social, ni demasiado teórica ni demasiado empírica, ya formuló G. Wright Mills, en su La imaginación sociológica.

Pues las palabras, y sobre todo las que tienden a resumirse en sí mismas con toda la carga semántica acumulada a lo largo de mucho tiempo, acaban por perder el referente y sirven tan sólo – y no es poco- para sustituir a las hachas más o menos pulimentadas: no hay más que pensar en términos como «izquierda», «derecha», «pueblo», «casta» y otras similares.

Pero que al cabo se coincida en un consenso entre diferentes y aún opuestos para llevar a cabo determinadas acciones, no quiere decir que no subsistan las convicciones o los puntos de vista, anclados en muchas ocasiones en lo irracional , pero operantes como ideologías y/o utopías, en célebre clasificación de otro sociólogo definitivo, Karl Mannheim, precisamente en su obra Ideología y Utopía.

Y en este sentido, y teniendo en cuenta los ajustes políticos tan necesarios en una democracia – por tan imposibles en cualquier dictadura confesa o solapada- no sería muy de recibo tomar el rábano por las hojas y hacer de un cesto cien, o sea, que junto con el consenso político se supusiera también una anuencia casi cósmica.

Más bien , se trataría de lo contrario, es decir, de llegar a acuerdos políticos – y mejor si son de contenido social, dadas las circunstancias – pero sin renunciar y aun manteniendo el debate global por encima de la contienda electoral.

Mantener el debate, por ejemplo, para intentar caracterizar este nuevo «capitalismo de la vigilancia« que ha desmantelado el sueño original de Internet como fuerza liberadora , que ha aprovechado la pandemia para echarse para adelante y que tiene toda la pinta de que ha venido para quedarse…