PANDEMIA Y VIDA COTIDIANA

La pandemia del COVID-19 , más allá de sus consecuencias sanitarias y económicas ( y políticas) ha tenido y está teniendo importantes efectos en la vida cotidiana.

Así, durante el confinamiento, la visión de las calles y las plazas vacías rememoraba una distopía tan sólo prevista en la ciencia-ficción o, incluso, para algunos y algunas, tristes episodios de guerra y destrucción.

Finalizado el rigor del encierro, las ciudades y pueblos comenzaron a llenarse de gentes con mascarilla, que circulaban al principio un tanto angustiosamente intentando mantener una distancia de seguridad que pronto se convirtió en una distancia social.

El verano propició cierta ligereza en la ropa y en los encuentros, a pesar de estar siempre pendientes de la espada de Damocles de un virus que se puede eliminar al parecer con un simple jabón, pero para el que no hay todavía una vacuna apropiada, aunque sí tratamientos cada vez más eficaces .

A lo largo de estos meses, en un camino que para muchos y muchas ha sido un calvario, el mundo electrónico ha encontrado la ocasión para una rápida expansión toda vez que reunía las ventajas de la comunicación inmediata y de la seguridad de la distancia :la utilización de Facebook, Instagram y WhatsApp ha aumentado en más de un 50% en comparación con sus valores normales, y el comercio a través de Amazon se ha disparado hasta límites no previstos.

Así , y más acá de las grandes ganancias de los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) , la implementación de una nueva forma de socialización utilizando la vía electrónica – el denominado «zoon elektronikón»– ha tenido como resultado una reordenación de la vida cotidiana.

Para llevar a cabo una primera aproximación a las consecuencias de esta reordenación tan trascendental socialmente, el CIES (Centro de Investigaciones y Estudios Sociológicos, Argentina) ha organizado el IX Encuentro Internacional sobre Vida Cotidiana, Conflicto y Estructura Social: Sensibilidades y Pandemia con participación de investigadores e investigadoras de diversos países, que se celebrará el 1 y 2 de octubre y que podrá seguirse en directo a través de la siguiente dirección:
https://www.facebook.com/ciesportal/


EL 155 ( y el «corrector federal»)

Mi viejo amigo Gabriel Albiac , en sus tiempos marxista-leninista y ahora columnista del ABC ( no verdadero, según Luis María Anson ), apuntaba el otro día ,en medio de sus cultas y por lo general apocalípticas palabras ,que el fracaso de la política en relación a la crisis del COVID-19 se debía a la fragmentación del poder político español en una serie de autonomías «sin ninguno de los correctores de un modelo federal».

El tono final de esta afirmación en quien ha terminado por ser un hegeliano pro-estatal a machamartillo, abría una puerta cerrada desde hace tiempo: la discusión sobre el estado federal.

Por otro lado, se puede sospechar que el artículo 155 de la Constitución de 1978 es precisamente algo así como un «corrector autonómico» y como tal se aplicó en su momento en la C. A. de Catalunya y es posible que se aplique en la C. A. de Madrid.

Pero aunque un «corrector autonómico» no sea un «corrector federal» este ideológico saque-bombeado-a-la-pasa puede ser una buena ocasión, en el sentido griego del kairós, para devolverlo en una deriva reflexiva y atisbar si un régimen monárquico puede llegar a ser federal o precisa de otra forma de Estado, deriva quizá más operativa y menos hiriente que el iniciado debate agónico y agonístico entre Monarquía/República.

Miro hacia atrás , hacia cuando el camarada Albiac era m-l ( y otro viejo amigo y polígrafo, Jon Juaristi , militante trotskista de ETA VI ) y recuerdo que hasta un colega, ya desaparecido, del viejo y siempre renovado Partido Carlista era partidario de una «monarquía federal»…

Y es que por distintos caminos se puede llegar a Roma, aunque una vez allí , acaso , «Roma veduta, fede perduta…»

Pero, bueno, dejemos de lado el 155 y comencemos a hablar del «corrector federal»… A ver qué pasa…

SORGIÑAK ( o de las brujas)

Cristina Gutiérrez-Meurs

«Por eso [Pedro de Valencia, autor de Discurso acerca de los cuentos de las brujas y cosas tocantes a la magia, 1610] se inclinaba a creer que algunas operaciones de las brujas son ciertas y reales , pero no sobrenaturales; que otras pasan sólo en su imaginación, y que otras son embustes de los reos torpemente interrogados por los jueces…Y que todo lo concerniente a los viaje aéreos y al aquelarre mira como una visión semejante…nacida quizá de estar compuesto el unto que las brujas emplean de yerbas frías como cicuta,solano, yerba mora, beleño, mandrágora, etc. que no sólo producen efectos narcóticos , sino visiones agradables…» reproducía Marcelino Menéndez Pelayo en su célebre Historia de los Heterodoxos Españoles, que debería ser de obligada lectura.

Y a pesar de ello, en el trasfondo (¿inconsciente colectivo?) cultural ha permanecido una representación última ocultista y alternativa de las brujas , independientemente de las aproximaciones antropológicas, como las de Julio Caro Baroja ( Las brujas y su mundo) o de las más recientes aportaciones de Alberto Santana ( Una Historia de Vasconia.9 La hora de las brujas) en las que se diluían y se diluyen la mayor parte de las mixtificaciones acumuladas en una serie interminable de analogías.

Amparándose en dicho trasfondo, y actualizándolo en el actual contexto de reivindicación global de la mujer , una exposición transeúnte acoge la obra de varias fotógrafas, pintoras, y escultoras que reclaman una reflexión sobre esta figura femenina a partir de sus propuestas estéticas.

La exposición , que anteriomente se expuso en la Sala Okendo de San Sebastián, puede ahora verse en los atildados locales del Museo de Arte e Historia de Durango hasta el 1 de noviembre, y resultaría de mucho interés que pudiera continuar su periplo por otros lugares , sin generar ningún quilombo intelectual, tan solo como oportunidad y sugerencia, que es lo propio de las manifestaciones artísticas…

LA CIENCIA Y EL COVID-19 ( y las peras del olmo)

“Sería un error creer que una ciencia no se compone sino de tesis  rigurosamente demostradas y sería una injusticia exigir que fuera así.  Tal exigencia es signo de temperamentos que tienen necesidad de autoridad y buscan reemplazar el catecismo religioso por otro de orden científico. El catecismo de la ciencia no entraña sino muy pocas proposiciones apodícticas. La mayor parte de sus afirmaciones presenta solamente ciertos grados de probabilidad, y lo propio del espíritu científico es precisamente saber contentarse con esas aproximaciones a la certidumbre y poder continuar el trabajo constructor, a pesar de la falta de últimas pruebas” .

He buscado y encontrado estas palabras escritas hace más de cien años por Sigmund Freud quien, como se suele decir , no necesita presentación – ¿o sí?

Y las transcribo aquí por si pueden ayudar a fomentar la paciencia y la comprensión frente al trabajo de los ( y las) médicos, investigadores y científicos que están intentando conseguir alguna solución a la pandemia desatada por el COVID-19.

Y lo hago aun sabiendo que siempre habrá gentes a las que les resulten suficientes las explicaciones globales y rápidas de condición conspiranoica ,así como hay otras que reclaman a la Política lo que la Ciencia todavía no puede dar.

Todo lo cual no me impide sumarme a quienes reclaman más medios, más personal y más inversiones, cuestiones que en definitiva dependen de la clase política, con el ruego adjunto de que no hagan de la capa de su eficacia el sayo de su prepotencia diferencial.

Pues al fin y al cabo estamos ya en el siglo XXI, y pretender tener las certezas otorgadas en el medioevo, sería , como también se suele decir, pedir peras al olmo…

PENDIENTES DE UN HILO (de Ariadna)

A raíz de la pequeña y un tanto maniquea polémica que ha seguido a mi última reflexión sobre Patria, la serie de HBO basada en la novela de Fernando Aramburu, he recordado estos parrafos que un día yo escribí pensando en tí, mi hipócrita lector ( o lectora , of course), mi semejante, mi hermano ( o hermana, too)…

«El mito es muy conocido. Teseo logra salir del laberinto de Knossos con la ayuda del hilo que en un ovillo le ha dado Ariadna y que  ha ido extendiendo desde la entrada permitiéndole luego localizar la salida. La de Ariadna resulta una argucia modélica pues resuelve, como lo resuelven todos los mitos, un problema. En este caso el problema de salir victoriosamente de una acción que se plantea como dificultosa – vencer al Minotauro-  mediante una adecuada planificación que va ordenando  todas las fases de la misma: el hilo se va extendiendo hasta el centro del laberinto y se va recogiendo hasta la salida dando sentido al recorrido.

Para nosotros el hilo de Ariadna es  el hilo narrativo ,un hilo que describe su acción dando sentido a su amor y a los planes de Teseo.  Y dar sentido a las acciones humanas parece ser la función de toda narrativa.  Algunos afirman que dar sentido a las acciones humanas es una clave antropológica y que está muy vinculada a las capacidades narrativas de los seres humanos desde la prehistoria – tal parece deducirse de la observación crítica de las primeras pinturas rupestres. Pero también pudiera ser que dichas capacidades narrativas sean  simplemente inoculadas y desarrolladas desde los primeros años de la vida  por medio de los denominados  “ cuentos infantiles” y de las prácticas de iniciación narratoria que los acompañan. Quizá por ello el escritor catalán  Josep Pla tildaba las novelas de  “ literatura infantil de las personas adultas” ( aunque algunas malas lenguas comentan que decía esto porque no sabía escribir novelas y sólo escribía dietarios.

En cualquier caso, desde una perspectiva histórica es comprobable que ese “ sentido” global y unitario de la  vida se dio  en primer lugar, al menos en nuestra cultura  y como ya se ha apuntado, en un registro narrativo mitológico. Le sucedió luego  un relato religioso , en nuestro caso  el del judeo-cristianismo, que se superpuso a los relatos mitológicos primigenios. Y por fin , el “ sentido” tomó cuerpo en los desarrollos discursivos de las ideologías que surgieron a lo largo del siglo XIX y de las cuales las dos que más importancia han tenido han sido el socialismo y el nacionalismo.

En aquel  ya lejano siglo XIX, decía Augusto Comte que renunciar al “sentido” en esta dimensión narrativa que  lo explica todo era un paso hacia la fase positiva que debía inaugurar una  era científica, una era de pequeñas verdades y  de grandes incertidumbres. La propuesta no era muy novedosa , pues algo parecido habían ensayado, mediante la fuerza única de las palabras, los filósofos clásicos griegos postulando la emergencia de la razón filosófica ( el tan traído y llevado logos) frente a la narrativa ( el no menos mentado mithos ) . Y en su momento Margarita Rivière, ( “Cuentistas globales”) , ratificaba la misma idea haciendo alusión a los desatinos de la utilización del arcano esquema narrativo  de “ los buenos y los malos “ para enhebrar una explicación pseudo-racional  y  un  tanto inverosímil de la política exterior de los USA – de la mano, por cierto, de algunos guionistas de Hollywood.

Reflexionar sobre lo narrativo, desvelar sus condiciones y dimensiones, enfrentarlo a un análisis racional, no parece, sin embargo, que vaya a permitir marcar muchas distancias  respecto de esa clave antropológica, originaria o inoculada. Pues tal clave   urge un tanto compulsivamente hacia la necesidad de contárnoslo todo y de que nos lo cuenten todo , probablemente para tranquilizarnos en medio del desasosiego de la vida . Y porque percatarse de esta dependencia de los modelos narrativos, de sus implicaciones ideológicas y políticas, reconstruir, en fin, el hilo narrativo no significa  poder apartarse de él salvo que , como decía Nietzsche, se sea muy fuerte, quizá demasiado fuerte.

Y, en efecto,  ese hilo narrativo que da sentido a nuestras vidas desde sus aspectos más domésticos hasta las proyecciones de trascendencia histórica, viene a ser muy parecido al cable que comunica el vagón de un tranvía con su catenaria, y ,  si se rompiera, se interrumpiría  acaso la energía que nos mueve y entraríamos a lo peor en una vía muerta ( ¿ o quizás en otra forma de vida?

Así que pendientes de un hilo nos quedamos, del hilo de Ariadna…»

Pues eso, que diría un Umbral.

PATRIA ( o la batalla por el relato)

Hace ya algún tiempo llevé a cabo una breve reflexión sobre la inminencia de la versión televisiva de la novela Patria, de Fernando Aramburu.

La serie en cuestión se ha cumplimentado de la mano de la multinacional HBO, y ha sido recientemente presentada en el Festival de Cine de San Sebastián con un gran despliegue de cartelería que ha contrastado con el lloro emocionado de una de las protagonistas de la que no se sabía si continuaba o no actuando.

Hay pocas dudas sobre el sentido de oportunidad que han tenido la dirección y la producción de esta serie, pues tan solo han necesitado subirse a un caballo ganador sin arriesgar mucho. Y asimismo, es de esperar que el infantil esquematismo de la novela se haya trasladado a la pantalla sin mayores matizaciones.

Todo lo cual cerrará un nuevo círculo en lo que Jorge Fernández Díaz, ex-ministro del Interior, miembro del Opus Dei, y actual imputado por crear una llamada «policía patriótica» , denominaba «vencer a ETA en la batalla del relato»,como ha recordado El País.

En esta gran operación mediática, que fue precedida por otra literaria y avalada incluso por la COVITE, poco ha importado que Patria presente claros rasgos de intertextualidad con las memorias del ex-miembro de ETA Iñaki Rekarte, ni que se hayan revelado sus manipulaciones idiomáticas, ni siquiera que fuera escrupulosamente criticada como mera narración.

Tan solo ha importado su carga de fondo política ,directa, banal, maniquea ,que en su supuesta utilidad moral seguirá alargando la penitencia de no poder comprender el fenómeno ETA , sus contradictorias implicaciones y sus más que complicadas virtualidades al día de la fecha.

Otra oportunidad perdida en la que la batalla por el relato no dejará ver la guerra que subyace agazapada entre tirios y troyanos…

CARLOS CÁNOVAS (Premio Príncipe de Viana de la Cultura)

La concesión del Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2020 al fotógrafo Carlos Cánovas me ha parecido una decisión acertadísima y no solo por reconocer la capacidad de la fotografía como arte contemporáneo más allá de haberla concebido durante mucho tiempo como simple mímesis – que nunca lo fue – ,sino también por haber particularizado una variante tan difícil como deslumbrante : la fotografía del paisaje urbano.

Y si bien no puedo negar que siempre me ha resultado muy atrayente la representación plástica de los lugares y particularmente de los espacios urbanos, y es cierto también que he seguido con mucha atención la obra de artistas de tan diversa condición como Pedro Salaberri, Jesús Mari Lazkano o, más recientemente, Ana Schmidt, cuando se han dedicado a ello, la impronta que me ha dejado la fotografía de Cánovas ha sido tan imborrable como análogamente activadora de muchas de mis escrituras, unas ensayísticas y hasta otras de cierto atrevimiento poético.

Hace poco más de un año la sala Rekalde de Bilbao le dedicó una amplia exposición antológica y pude dar cuenta de ella sucintamente . Ahora espero que con la concesión de este premio, la obra de Cánovas pueda estar presente en más lugares y en más publicaciones para que junto con su preciosa admiración pueda surgir también una reflexión poliédrica y multidisciplinar sobre los espacios públicos cotidianos, esos lugares que tan relevantes han resultado, en su paradójica ausencia, en estos tiempos de pandemia…

AZKUNA ZENTROA (o la repetición sin diferencia)

Celebróse recientemente el X aniversario del Azkuna Zentroa de Bilbao, con ordenada pompa y circunstancia. Acudieron autoridades varias- y entre ellas un concejal de movilidad , aquejado de sorprendentes ideas, que ha decidido esta semana que los automóviles no puedan circular por la Villa a más de 30 /h con el consiguiente incremento de la contaminación atmosférica- , gentes varias del mundo del arte y de la cultura, y un pelotón multicolor en el que me encontraba mismamente yo mismo por eso de las casualidades de la vida.

En conjunto, el acto fue breve – de esos que le hubieran gustado a Baltasar Gracián – y amable. Entre el surtido de intervenciones más o menos institucionales se pudo escuchar a la Orquesta Sinfónica de Bilbao y al Coro Rossini, si bien desarrollando composiciones un poco ajenas a la pretensión de que el AZ sea un Centro de Cultura Contemporánea, pues lo más adjetivo al respecto fue la interpretación floreada de «Let it be», una canción firmada por The Beatles en 1970: al parecer no se atrevieron con alguna obra de nuestro autóctono Luis de Pablo, por aquello de no romper la armonía ambiental.

Otro sí, destacó el procer máximo la vocación de posicionar a la Villa en el concurso de la cultura global y globalizada por medio de las cada vez más proyectivas actividades del AZ, para lo cual se había dotado este de un proyecto-programa que debía (de) servir de referencia internacional.

Y me pareció bien, como hubiera dicho el príncipe Salina, solo que he visto ya muy perdido que el AZ sea un referente local que es también lo que le correspondería municipalmente: durante varios años y antes de que se estrenase la dirección actual y la anterior fuera a posicionarse, esa sí, internacionalmente, colaboré en la Letra Eskola de la entonces AB que bajo la coordinación de la escritora Mónica Crespo y en compañía del también escritor Jon Bilbao, llevó a cabo una singular labor de sensibilización y práctica por medio de diferentes talleres de escritura para los que siempre había que tener numerus clausus , debido a la demanda existente. Una actividad formativa que luego fue considerada inadecuada por el escaso impacto mediático: se prefirió documentar a un despistadísimo Paul Auster vagando por el AZ que mantener aquella Letra Eskola de humilde pero básica condición.

A la salida del acto todo fueron parabienes, y aún y siempre agradecido, me quedé con la impresión de que había asistido a algo que pertenecía en su fondo y forma a esa manera de «estar-en-el -mundo» pre-pandémica – y no sé si incluso pre-pandémica de la grippe de 1918 – en la que cierto palurdismo se ve aupado hacia una engañosa globalización de serie ,desatando una impropia competencia interinstitucional.Una repetición sin diferencia…

(c) IBILTARIA

AZ (o la repetición sin diferencia)

Celebróse recientemente el X aniversario del Azkuna Zentroa de Bilbao, con ordenada pompa y circunstancia. Acudieron autoridades varias- y entre ellas un concejal de movilidad , siempre de sorprendentes ideas, que ha decidido esta semana que los automóviles no puedan circular por la Villa a más de 30 /h con el consiguiente incremento de la contaminación atmosférica- , gentes varias del mundo del arte y de la cultura, y un pelotón multicolor en el que me encontraba mismamente yo mismo por eso de las casualidades de la vida.

En conjunto, el acto fue breve – de esos que le hubieran gustado a Gracián – y amable. Entre el surtido de intervenciones más o menos institucionales se pudo escuchar a la Orquesta Sinfónica de Bilbao y al Coro Rossini, si bien desarrollando composiciones un poco ajenas a la pretensión de que el AZ sea un Centro de Cultura Contemporánea, pues lo más adjetivo al respecto fue la interpretación floreada de «Let it be», una canción firmada por The Beatles en 1970: al parecer no se atrevieron con alguna obra de nuestro autóctono Luis de Pablo, por aquello de no romper la armonía ambiental.

Otro sí, destacó el procer máximo la vocación de posicionar a la Villa en el concurso de la cultura global y globalizada por medio de las cada vez más proyectivas actividades del AZ, para lo cual se había dotado este de un proyecto-programa que (de) debía servir de referencia internacional.

Y me pareció bien, como hubiera dicho el príncipe Salina, solo que he visto ya muy perdido que el AZ sea un referente local que es también lo que le correspondería municipalmente: durante varios años y antes de que se estrenase la dirección actual y la anterior fuera a posicionarse, esa sí, internacionalmente, colaboré en la Letra Eskola de la entonces AB que bajo la coordinación de la escritora Mónica Crespo y en compañía del también escritor Jon Bilbao, llevó a cabo una singular labor de sensibilización y práctica por medio de diferentes talleres de escritura para los que siempre había que tener numerus clausus , debido a la demanda existente. Una actividad formativa que luego fue considerada inadecuada por el escaso impacto mediático: se prefirió ver a un despistadísimo Paul Auster vagando por el AZ que mantener aquella Letra Eskola de humilde pero básica condición.

A la salida del acto todo fueron parabienes, y aún y siempre agradecido, me quedé con la impresión de que había asistido a algo que pertenecía en su fondo y forma a esa manera de «estar-en-el -mundo» pre-pandémica – y no sé si incluso pre-pandémica de la grippe de 1918 – en la que cierto palurdismo se ve aupado hacia una engañosa globalización desatando una impropia competencia interinstitucional…

LA DUDA METÓDICA (y las dudas colaterales sobre el COVID-19)

Mi anterior columnilla acerca del COVID-19, ha desatado una pequeña polémica.

Así, algunos han visto en mis metódicas dudas una apertura problemática hacia la legitimación de las teorías conspiratorias que ya evalué en escritos anteriores; y otros la han tomado por tal y se han despachado a gusto reproduciendo un argumentario conspiranoico ya muy conocido por repetitivo.

Ha quedado claro que en ambos casos, la duda, metódica o no, no ha gustado, y que se prefieren verdades como puños, oficiales u oficiosas. Estos posicionamientos me han recordado lo que Tomasi di Lampedusa denominaba en sus ensayos literarios aquel siempre «ir en contra» detectando enemigos, tan medieval y que llevó a más de uno a la hoguera, porque en aquel tiempo no solo no se admitían dudas, sino ni siquiera matizaciones.

Tal modo medieval de, digamos, debate que no admitía componendas, sin duda se ha actualizado y democratizado, al menos en el sentido de que ya cualquiera puede atreverse a perorar desde la horizontalidad de las redes sociales, sin ser doctor ni regentar cátedra alguna. Y consecuentemente, La Verdad se exhibe una y pulcra desde diversos alfoces, sin haberse dado cuenta de que es precisamente la duda la que alimenta su permanente justificación y de que ya , desprendida de su condición teológica, es fruto de la construcción social como muy bien ha mostrado la Sociología del Conocimiento ( de, por ejemplo, Berger y Luckmann)

Es posible que , como se afirmó hace algún tiempo, estemos ante un nuevo medioevo, y que el espíritu crítico que se inició en el Renacimiento, tomó cuerpo con Descartes y se desarrolló durante la Ilustración, pueda estar opacado sobre todo por el juego político: en su momento Platón avisaba sobre el control de las narraciones inadecuadas en su impertérrita La República, y mucho después Federico II de Prusia, afirmaba aquello de “Razonad sobre lo que queráis y tanto como queráis, pero obedeced” .

Lamentablemente todavía queda mucha clase política que , como ya lo teorizara tecnocráticamente avant-la -lettre Maquiavelo, solo persigue mantenerse en el poder, y el fracaso del enemigo es su triunfo, desde el municipio hasta la ONU, sin que le importe mucho el coste social, económico o ético. Y para ello necesita mostrarse como poseedora de una única Verdad que legitima su acción o su innación.

Bienvenida sea pues la duda, si contribuye a despejar otras dudas y a fortalecer verdades informadas, consensuadas,inmediatas y operativas, que son las que ciertamente articulan la obediencia democrática.