LA PANDEMIA ( el parloteo y la filosofía)

Son muchas las voces que están dando cuenta de la proliferación de informaciones no contrastadas o incluso contradictorias que llegan fundamentalmente a través de las redes sociales en competencia con los medios escritos y audiovisuales convencionales.

Se trata sin duda de un fenómeno concomitante a la expansión del mundo electrónico en nuestra vida cotidiana que , además, favorece la percepción de una cierta horizontalidad informativa.

El problema, se comenta, reside en la incapacidad para evaluar con claridad y distinción la información que así se recibe , pues, además, en función de su interpretación, pueden derivarse actitudes y conductas muy diferentes.

Y si lo anterior ya es problemático en general, lo es, lo está siendo mucho más, en el contexto pandémico que estamos atravesando.

La solución a este problema , a corto, medio y largo plazo, no es otra que el espíritu crítico, y esta capacidad – «competencia» que le llaman ahora- siempre se ha desarrollado bajo la guía del trabajo del pensamiento sobre las representaciones del mundo y sobre sí mismo.

Y para ello es necesaria una buena formación de base filosófica y retórica que debería comenzar en la escuela si se quisiera favorecer la aparición de una ciudadanía crítica.

Filosofía, sí, esa materia cada vez más arrinconada en los planes de estudio, para tener una perspectiva de los problemas del conocimiento y de su lógica.

Y Retórica, no como la ya supuestamente inexistente glosa del lenguaje – en este sentido no hay nada más retórico que el realismo – sino como despliegue de la «sensibilidad formal» en palabras de Paul Valery, ante los dimes y diretes habituales.

Pero aun así, quizás habría que preguntarse si quienes se quejan de esta polución informativa, sin proponer ni dilucidar nada, no forman parte del mismo sistema y de los mismos procesos que denuncian , contribuyendo al parloteo global…

LA PANDEMIA ( y el 8 de marzo)

Ante la inminencia de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer,ha irrumpido una polémica sobre los actos habituales y , sobre todo, acerca de las ya tradicionales manifestaciones.

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, se ha mostrado en contra de cualquier movilización con unas palabras contundentes – quizás hasta demasiado contundentes para una posterior matización- y , por el contrario, el grupo parlamentario de sus socios de gobierno ,Podemos, ha defendido el mantenimiento de todas las actividades propias de ese día.

Por otro lado, las organizaciones feministas, a pesar de sus contradicciones internas ( debidas mayormente a la progresiva distinción entre sexo, género y rol) han reivindicado mayormente las movilizaciones , señalando que, además, la pandemia está suponiendo un retroceso en los derechos de las mujeres, ya que muchas de ellas han debido retormar o, en su caso, incrementar, su dedicación al cuidado de terceros a cuenta de su vida personal y profesional.

La polémica viene, en todo caso, enturbiada por las interpretaciones acerca de las celebraciones del 8 de marzo del año pasado, que para algunas fuerzas políticas fueron la ocasión perfecta para que se desatara, precisamente, la pandemia del COVID-19: según parece, VOX pretende dedicar ese día a «la memoria de los muertos».

Pero más allá de esta última deriva, un tanto esperpéntica, con la polémica, que , como todas, es buena – «No ha de estimar al que nunca se opone, que no es señal de amor que le tenga, sino del que él se tiene», que decía Baltasar Gracián – se está poniendo en evidencia un nuevo encontronazo entre lo sanitario y todo lo demás, ya un tópico en la gestión global de la pandemia.

Pues hay circunstancias, como las que estamos viviendo, en las que, como dice el refrán , «aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid», se pretende, consciente o inconscientemente – eso lo sabrán quienes detentan el poder- limitar derechos duramente obtenidos tras largos años de lucha, arguyendo simplezas de un supuesto sentido común que, como es muy bien sabido, suele ser el menos común de los sentidos, a fuer de muy interesado.

Y si continuamente se pueden observar movilizaciones de trabajadores y trabajadoras contra los ERTES o los ERES, o contra las precarias condiciones de trabajo en el mundo sanitario o en las residencias de mayores, o de la hostelería y la restauración, o de los y las pensionistas, por no hablar de las ocasionadas por la prisión del rapero Hasél…¿Por qué no deberían manifestarse las mujeres en la celebración de su día, si lo hacen cumpliendo todas las normas de profilaxis y distancia social vigentes?

LA PANDEMIA ( …y el Etna)

El Etna, ese gigante aparentemente siempre dormido, ha comenzado a bostezar soltando brazos de lava roja y estertores de grandes columnas de humo.

Las calles de Catania, la bella ciudad en la que los árabes inventaron el helado de limón, lucen cubiertas de ceniza muy negra y toda la isla está pendiente de escuchar algún rugido profundo que delate la inminencia de un terremoto.

Pues nada es Sicilia sin su volcán ni sin las cicatrices de sus heridas sísmicas: imposible comprender el magnífico esplendor de los palacios, los conventos y las plazas barrocas obviando el decidido empeño de reconstrucción tras el gran terremoto de 1693.

Quizá la gran atención suscitada por la nueva erupción del más viejo volcán activo de Europa puede habernos recordado la finitud torpe de nuestro tiempo de vida frente a la suya, para nosotros casi infinita (
Stephen Jay Gould :La flecha del tiempo)

Y es que ocurre que sabemos que esta pandemia del COVID- 19 pasará antes o después pero que el gigante seguirá ahí a no ser que para entonces ya haya reventado toda la isla . Y también que la mortalidad de este coronavirus ,aun siendo alta, puede acabar resultando notablemente inferior a la ocasionada por otras epidemias o catastrofes terráqueas , de las que esta no será sino una más en los anales de la Historia.

Pero aun así es posible que de nada nos vaya a valer esta humillacion en pleno Antropoceno y que a pesar de reconocernos como «seres de un día», como nos llamaron los filósofos griegos, nos resulte insoportable o, incluso, incomprensible, tanta fuerza telúrica desatada e incontrolable…

«Cuidar la Tierra, mirar al Cielo, escuchar a los Divinos, acompañar a los Mortales» era el resumen de la Cuaternidad que proponía el Martin Heidegger de la posguerra para la vida plena de aquel ser-ahí, yecto, echado al mundo que había sido para él el ser humano. ¿Habrá que comenzar por el principio…?

LA PANDEMIA ( y el 23-F)

—«Buenas tardes.No va a ocurrir nada, pero vamos a esperar un momento a que venga la autoridad militar competente para disponer lo que tenga que ser y lo que él mismo diga a todos nosotros. Esténse tranquilos , no sé si esto será cuestión de un cuarto de hora, veinte minutos, media hora , me imagino que no más tiempo. Y la autoridad que hay competente, militar por supuesto, será la que determine qué es lo que va a ocurrir. Por supuesto que no pasará nada, así que esténse ustedes tranquilos…»(1)

De todos los recuerdos de aquel 23 de febrero de 1981 que me vienen a la memoria son estas frases de retorcida sintaxis y reiterado contenido las que conservan todavía mayor vigencia. Pues en su anacoluto en torno a la «autoridad competente, militar , por supuesto», se resume la insuficiencia verbal de quien las decía y la de quienes en un silencio sobrecogido las escuchaban frente a la soberbia suficiencia de las armas que mientras tanto se exhibían.

Aquello fue un intento de golpe de Estado de los de verdad, y un escalofrío recorrió toda la médula espinal de la oposición al franquismo, recientemente legalizada. Muchos, yo mismo, previendo una involución inminente, destruímos cualquier tipo de material comprometedor y, por supuesto, no dormimos en nuestros domicilios habituales : a la mañana siguiente, «restablecido el orden constitucional», supimos que ya se habían elaborado rápidamente «listas» de refractarios al nuevo orden que se pretendía imponer.

Un intento de golpe de Estado que pretendió restaurar un régimen conservador , confesional y centralista , como lo consiguió el general Pavía en 1874 y el generalísimo Franco a partir de 1939 y que quedó militarmente en nada salvo las duras condenas iniciales para el propio Tejero, el teniente general Jaime Milans del Bosch que había sacado en Valencia los tanques a la calle por su cuenta, y para el general de división Alfonso Armada, artífice intelectual de una conspiración en la que las ramificaciones políticas quedaron sepultadas para siempre.

Un golpe de Estado de los de verdad, insisto, algo de lo que deberían tomar nota algunos políticos de hogaño que utilizan esta expresión banalmente, no se sabe si por desfase generacional, por una incultura general básica o por esa carrera hacia el tremendismo que tan a menudo les informa…—

Escribía estas líneas hace un año. Para nada se podía suponer que en el plazo de menos de un mes entraríamos en un régimen de duro confinamiento debido a un coronavirus para el que nadie, y menos las autoridades sanitarias, estaba preparado. Tampoco que el supuesto artífice del desmantelamiento de aquel golpe de Estado, el Rey Emérito Juan Carlos I, acabaría residiendo desde el verano en Abu Dabi , ante las acusaciones de haber recibido en su momento 100 millones de dólares por la adjudicación de las obras del AVE a La Meca. 23-F…

(1) Antonio Tejero y el golpe de Estado del 23-F

PARÉNTESIS (¿metodológico?

Ma

«¿Te vas a convertir en un tutólogo?» me ha dicho una vecina al cruzarnos en una esquina. «¿Por qué?». «Pues, mira, porque un día hablas del juez Garrido y al día siguiente de las elecciones catalanas…»

Con la pregunta en el aire, ya en casa, me he dirigido a la biblioteca. He abierto el Gorgias, de Platón, tutólogo avant-la-lettre y he repasado algunas frases del diálogo. Vaya, sí, es posible que me esté convirtiendo en un «experto en generalidades» como se declaraba un viejo colega, contertulio de un programa radiofónico que dirigía Paco Avizanda hace unas décadas. Además, dada mi condición de post-maoísta, es muy posible que tras esta pretensión de pontificar sobre todo, se esconda aquello que decía Manuel Vázquez Montalbán: “Nada tan parecido a un ex-comunista como un ex-cura” . Y viniendo de una tierra en la que ha habido tantos curas trabucaires como el exaltado fascista Fermín Yzurdiaga, buff…¡qué miedo!

El Gorgias me ha llevado a la Carta VII del ateniense y he leido- lo hago muy a menudo- aquel párrafo en el que dice «Si no se me pide nada o si es evidente que no se me va a escuchar por nada del mundo, yo no voy por mí mismo a ofrecer consejos». Sabias palabras que , en ateniéndome a ellas, me habrían ahorrado muchos disgustos en la familia, el municipio y el sindicato. Pero, en algunas ocasiones, ¡ me puede tanto la indignación!

Revuelto sobre mí mismo, he pensado en circunscribirme a la tarea del «intelectual específico» que reclamaba Michel Foucault y dar cuenta tan solo de lo que pueda reseñarse en researchgate.net, luego a cambiar de lengua para hacerme guardar el ma( I hate the english, baina,euskeraz nahiko ondo moldaltzen naiz…), después a escribir haiku estocásticamente para contener mi logofrenia y, por fin, dedicarme exclusivamente a dibujar , siguiendo la larga estela familiar de los Urmeneta.

Y como no me aclaraba de nada, he tenido que volver a mi oráculo que no es sino el Oráculo manual y Arte de prudencia de don Baltasar Gracián, para leer el aforismo 133 : «Antes loco con todos que cuerdo a solas, dizen políticos…Mas yo moderaría el aforismo diziendo: antes cuerdo con los más que loco a solas»…¡Vaya! ¡Ya solo me queda una tirada de I Ching!

LA PANDEMIA ( y las revueltas callejeras)

El encarcelamiento del rapero Pablo Hasél ha sido seguido de un estallido de revueltas callejeras que, en algunas ocasiones, han provocado violentos enfrentamientos.

Simultáneamente se ha generado una tormenta de informaciones y contra-informaciones, así como valoraciones políticas e ideológicas.

Políticamente se han podido escuchar argumentarios estratégicos desautorizando la violencia en general , así como también tácticos, proponiendo una modificación legislativa sobre la libertad de expresión, o, en su caso, algunos cambios en los protocolos de actuación de la policía.

Ideológicamente se ha defendido la libertad de expresión como principio democrático elemental, o se ha animado a la continuidad de una lucha «anti-fascista».

Pero, en ningún momento se ha hecho referencia a la situación psico-social que se está viviendo como consecuencia de la implantación de las medidas frente a la pandemia del COVID-19.

Y sin embargo, este último aspecto se debería tener muy en cuenta, ya que ha supuesto una disciplinarización de la vida social y laboral que en algunos casos ha llegado hasta su fractura, sobre todo ante la evidencia de la arbitrariedad algorítmica de alguna de las decisiones tomadas.

Así, es más que posible que no se puedan comprender los estallidos violentos antes mencionados sin tener en cuenta la acumulación de hartazgo social y el escepticismo colectivo (¿escalados según territorios?) que acaso habrían encontrado en el caso Hasél una oportunidad para catartizarse, independientemente de perspectivas ideológicas o políticas.

De hecho no sería la primera vez que ocurre un fenómeno similar, ni probablemente será la última…

DEL BURGO ( o la desmemoria de los vencedores)

La editorial Pamiela lleva muchos años publicando ensayo, poesía y narrativa tanto en euskera como en castellano, ofreciendo una colección específica acerca del periodo histórico contemporáneo.

En los primeros meses de 2020, se presentó La [des]memoria de los vencedores, Jaime Del Burgo, Rafael García Serrano y la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz , de Fernando Mikelarena, Profesor Titular de la Universidad de Zaragoza, en el que, como su propio título indica, se profundiza en el perfil de algunos dirigentes que se sumaron con fervor al «Alzamiento» de julio de 1936.

Un artículo de prensa publicado el 17 de octubre de dicho año , titulado “Saca de Tafalla-Monreal, 21-10-1936″, apuntando el papel jugado por Jaime del Burgo Torres, reconocido y exaltado jefe carlista , en el fusilamiento masivo de 64 republicanos en “La Tejería” de Monreal , ha ocasionado que Arturo del Burgo Azpíroz , nieto del ya fallecido del Burgo , haya solicitado un acto de avenencia previo a la presentación de una querella criminal por injurias.

Realizado el acto, el historiador Fernando Mikelarena ha rechazado la conciliación y más allá de mentar la inadecuación de la vía jurídica elegida, ha manifestado que lo publicado «es totalmente producto de un profundo trabajo de investigación».

Ciertamente , los primeros meses del golpe de estado protagonizado por Francisco Franco con la colaboración de falangistas y carlistas, fueron la ocasión perfecta para todo tipo de desmanes que han ido saliendo a la luz gracias a la labor lenta, reposada y exigente de quienes se han dedicado a indagar profesionalmente en aquellos acontecimientos, utilizando tanto la documentación como la deducción, en la lógica estricta que en su momento defendió, por ejemplo, el historiador Paul Veyne, sin despreciar ,por supuesto , y aun en la diferencia, las eficientes recreaciones literarias.

Pero llevar estas cuestiones a los tribunales no deja de ser un extemporáneo brindis al sol, a estas alturas ya inaceptable, porque de lo que se trata es de comprender cómo pudieron ocurrir aquellos hechos, quiénes participaron, y si es posible, sus razones objetivas y subjetivas. Pues, como ha demostrado Sabin Egilior en su recientemente presentada tesis doctoral, más allá de la denominada Memoria Histórica – que sería mejor llamar Memoria Colectiva- hay una «memoria traumática» que poco a poco hay que ir purgando con tanta claridad como distinción…

LA PANDEMIA ( paréntesis catalán )

Por unos días se ha abierto un paréntesis en la sesión continua de las cifras y letras sobre la pandemia del Covid-19 para tratar el tema de las elecciones catalanas. Así las cifras y letras tratan ahora de dilucidar cuáles pueden ser las coaliciones de gobierno según la deriva nacionalista o la apuesta socialista, las dos grandes ideologías o religiones civiles vigentes desde ya hace dos siglos.

Curiosamente, y particularmente en este caso, se ha obviado la cifra de la abstención que ha llegado al 46,44%, de manera que casi la mitad de los 5.368.881 catalanes con derecho a voto optaron por desentenderse de las elecciones, habiendo descendido la participación en un 25,9%, desde las últimas elecciones, y siendo el porcentaje de participación el 53,56% , el más bajo jamás registrado en unos comicios autonómicos desde la restitución del autogobierno catalán.

Por supuesto nada hay que objetar sobre la legitimidad de las elecciones pues, a pesar, una vez más, de las tensiones entre un Ejecutivo Autonómico y su correspondiente Tribunal Superior de Justicia, al cabo se han celebrado con todas las garantías.

Pero la elevadísima cifra de la abstención tendría que dar que pensar. Quienes lo hagan con criterios puramente sociopoliticos pueden optar entre una explicación vinculada al hartazgo del electorado o bien a su inmadurez ideológica. Pero también los habrá que consideren que si no se ha acudido a las urnas ha sido simplemente por miedo al contagio.

Aún así , el análisis queda pendiente y será importante y relevante llegar a alguna conclusión para atisbar cuál puede ser la actitud de la ciudadanía ante las propuestas de quienes finalmente encabecen el gobierno de la Generalitat.

LA PANDEMIA ( y el corporativismo)

En El orden del discurso, la lección inaugural pronunciada en 1970 en el College de France, Michel Foucault dejó constancia de que más allá de que la palabra sea una atribución humana, no todas las palabras tienen el mismo valor, pues depende de quien las pronuncie.

Históricamente , la palabra valorada, siempre asimilada a algún tipo de poder, fue desglosándose de la primitiva aglutinación político-religiosa, distinguiéndose figuras individuales y colectivas, y entre estas últimas las corporaciones militares, médicas, jurídicas y académicas.

Con el transcurrir de los años, tales corporaciones fueron generando ideosferas ( Roland Barthes) estancas, reforzando sus ritos de acceso, sus procedimientos y hasta sus vestimentas con el fin de uniformizar su presencia social.

En este sentido, la situación general del poder de y sobre la palabra no ha cambiado mucho, habiéndose asimilado o intercambiado los títulos que otorgan el poder de hablar ex catedra, como ha ocurrido, por ejemplo, con el de Doctor ( Dr.) que es usado ilegítimamente en algunos casos.

Así que no es de extrañar que en la tensión social desencadenada por la pandemia del COVID-19, más allá del debate sanitario y más acá de las fricciones políticas, hayan surgido enfrentamientos entre las corporaciones antes aludidas, en la creencia, ratificada racionalmente por su respectiva ideosfera, de que su verdad es una, única e indiscutible.

Pero en una sociedad post-industrial y globalizada como la actual, estas actitudes corporativistas, a veces tan hiperbólicas, no tienen ya mucho sentido a la hora de encontrar soluciones complejas a problemas complejos por lo que sería más útil abordar las cuestiones desde un planteamiento complementario y dialogante, abandonando el autismo endogámico residual.

Es más, sería de gran interés tener en cuenta el punto de vista de quienes no cuentan con grandes colegios profesionales que les amparen, como, por ejemplo, los maestros y maestras que tanto están contribuyendo también a la lucha contra la pandemia, por no hablar de los cajeros y cajeras de los supermercados o de tantas otras personas que no tienen espíritu corporativo alguno…

LA PANDEMIA ( sugerencias ¿intempestivas?)

Las últimas consideraciones aquí manifestadas sobre algunos aspectos de la respuesta que se está dando a la pandemia del COVID-19 han generado , como era de esperar, una cierta polémica.

Con el ánimo de sintetizar las lineas generales de lo anteriomente expuesto se proponen las siguientes sugerencias:

  1. Valorar la oportunidad de incluir en los comités asesores de las autoridades políticas a profesionales de la Economía, la Sociología, la Psicología y la Politología, dado que,tras un año, la crisis generada por la pandemia no es ya solo sanitaria.
  2. Reflexionar sobre el liderazgo que acaso debería abrirse hacia un estilo más positivo y dinámico, abandonando la negatividad y la admonición monocorde, sin que necesariamente deba coincidir con la jerarquía política que, por otro lado, no debería tomar la situación como una ocasión para abducirse en autoritarismo autónomo.
  3. Tener en cuenta que el poder ejecutivo, en cualquiera de sus niveles, es un poder más, sometido siempre a la sanción del poder legislativo, y vigilado, en todo momento, por el poder judicial, ante el cual, desaparecida la figura clásica del «desacato», cabe la crítica razonada, nunca ad hominem, como también la reprobación o el recurso, pero en cualquier caso desde el más exquisito respeto, como corresponde a un sistema verdaderamente democrático.

Es de esperar que lo anterior aclare algunas de las dudas y comentarios suscitados y que se suponga, siempre, la buena fe.