COTIDIANIDADES PANDÉMICAS (1 CLIENTE = 15 MINUTOS)

Al comenzar hoy mi paseo matutino,he visto un nuevo anuncio en el pizarrín que suele estar colgado junto a la puerta de uno de los bares del barrio : «1 CLIENTE =15 MINUTOS».

No era el primer cartel que veía con similar contenido, pero hasta ahora solían ser más amables, como , por ejemplo «Dada la situación sanitaria y por respeto a los demás , se ruega no permanecer en la mesa más de media hora» ( sic y documentado).

Pero la contundencia directa y cifrada de este último ha conseguido que algo se rebelara en mi interior y me he hecho la firme promesa de no acudir nunca más a dicho establecimiento .

Mientras camina bajo una larga hilera de densos tilos ,he estado pensando que esta pandemia está trastocando nuestra vida cotidiana hasta tal punto que ya solo se nos ve como meros consumidores que además, en este caso, debemos luchar a brazo partido por conseguir una mesa en una terraza, generalmente sin servicio y a tiempo tasado.

Y he recordado cuánto me resistía a llamar a los estudiantes clientes o que me trataran de tal siendo un paciente que acudía a una consulta médica.

Pero estos cambios de denominación, al principio tomados en tono jocoso, pero poco después claramente definitorios, venían impulsados por esa ola tecnocrática que ha invadido las instituciones confundiendo de paso la política con la gestión, pero ahora parecen asumirse casi a nivel interpersonal, pues ese ha sido hasta el presente el tipo de relación entre los parroquianos y sus bares.

Ni qué decir tiene que el cartelito de marras tiene su explicación si se tienen en cuenta los arbitrarios cambios de normativa que se están produciendo en relación a las condiciones de trabajo en la hostelería, pero descargar las consecuencias sobre el personal de a pie en vez de apuntar hacia los responsables de la situación, es meterse goles en la propia portería nada más comenzar el partido.

Ya de vuelta, he comprobado que la terraza del bar en cuestión estaba practicamente vacía… Y el pizarrín había sido retirado… S.E.u O.

VIENTO DEL NOROESTE (segundo intermedio pandémico)

Me han escrito varios animados lectores ( y una lectora adicta) comentándome que, desde hace algún tiempo, me voy poniendo muy serio en estas columnillas, que progresivamente he abandonado no solo el humor hiperbólico de las actas de las reuniones de la Junta Extraterritorial de los Desayunos de los Martes, sino el más moderado ocasionado por alguna que otra anécdota inverosimil salida al paso de mis paseos físicos ( y hasta metafísicos), y que, otro sí, me ha ido desapareciendo el yo angular y gozoso y que me he dejado llevar por una tercera persona doctoral y anónima, mayormente un tanto repipi y aburrida.

Y es cierto. Supongo que homeopático como me sé, he reaccionado ante la severa narrativa mayoritaria sobre la pandemia de este ya famoso COVID-19 ( me niego a utilizar el políticamente correcto femenino), con un endurecimiento disciplinario de estas escrituras públicas por publicables, recurriendo por defecto a ese registro académico que me ha proporcionado el primum vivere, pero que es más propio de la senda angosta hacia el Monte Carmelo de los sexenios por la que ya, gratia Dei, no hago camino .

Y aunque me siento más post-maoísta ( ¿como el ministro Castells?) que post-hegeliano, el haberme dado cuenta de esta mi alienación/alineación anteriormente descrita, y gracias a esa fiel infantería que me sigue , me glosa y me critica (¡ muchas gracias!), ha permitido esta mañana gris de abril – ya se sabe: el mes más cruel- que me caiga del «en-sí» al «para-sí», aun sin atisbar todavía todas las sus consecuencias.

Me tomo pues esta semana de Pascua y previsible perimetración para reordenar mis letrillas: ciertamente no tengo mucho más que decir que los expertos comentaristas políticos y científicos que me rodean .Tan solo espero que, entre tanto, querido lector, querida lectora, mi hermano, mi hermana, puedas apartar un poco la mirada de las crueles estadísticas y el oído de los coros trágicos, y, mascarilla en ristre, dejes que el viento del noroeste ( o el garbí en su caso) revuelva tus cabellos, sean rubios, morenos…o azules… mientras el tiempo y/o la autoridad competente no lo impidan…

FATA MORGANA ( intermedio pandémico)

«Nuestros padres mintieron, eso es todo» dijo el poeta de Vinogrado.

Y con el humo del cirio pascual se van los padres y las madres entre olor a incienso y vestiduras moradas. Uno más. Una más. Y allá, en las lápidas blancas, se superponen fechas, nombres y apellidos entre el musgo dorado , bajo los altos cipreses que todavía creen en Dios. ¡ Ah oscura tumba en la que yace mi hermano!

Entre las arquivoltas , fata morgana, se dibujan rostros que nos escrutan en silencio bajo diferentes banderas. Hijos e hijas del «Dios, Patria, Rey», pero ateos funcionales, patriotas descastados y monárquicos ocasionales.Vivieron como pudieron apostando por la supervivencia que les había regalado el fusil airado.

«No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia», ha dejado caer desganadamente el sacerdote. Y se podría añadir, ¡ oh San Emilio Durkheim!, la fe de cualquier iglesia, tradicional o civil, de rigurosa observancia religiosa o de estricta disciplina política, global, local o nacional, de toda agrupación humana , en fin, que no haya renunciado al porvenir de una ilusión.

Sí, Jon, nuestros padres mintieron, eso es todo…Mentiras sí, unas piadosas otras no tanto…