ANATOMÍA BREVE DE UNA SERIE TELEVISIVA

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Después de cenar tengo la costumbre de ver alguna serie previamente grabada, un poco como hace un par de siglos  se leían las novelas por entregas.

Ayer por la noche estuve viendo un episodio de NCIS. En síntesis, trataba de la muerte de un sargento  negro y gay-  casado de hecho con otro ex-soldado también negro- y  candidato a la Medalla de Oro , por su actitud heróica en la  Guerra de Afganistán: había opacado con su cuerpo el estallido de una granada de mano,  salvando a su  pelotón. Al final, tras los consiguientes.  vericuetos, se descubre que ha sido asesinado por un individuo blanco y barbado con pinta de hipster que coordina un centro de desintoxicación de soldados adictos por motivos bélicos y que, en realidad, reparte droga entre los pacientes,  siendo uno de ellos un miembro del pelotón del sargento.

De todo lo cual se puede deducir:

A) que puedes ser un héroe a pesar de ser negro y gay. O sea, lo mejor de lo mejor y más si estás casado

B) que detrás de un barbudo puede esconderse ( al modo de Fidel Castro o de los talibanes) un traidor, o sea  lo peor de lo peor y más si vas de ONG.

C) que entre lo mejor de lo mejor y lo peor de lo peor, hay que elegir siempre y rápidamente lo primero y dejarse de complicaciones pues «los buenos son los buenos y los malos son los malos» ( sic).

D) que poner en duda lo anterior planteándose que a lo peor detrás de los malos están algunos de los buenos, como hace Le Carré en sus novelas y ya hacía Pérez Galdós en las suyas, puede resultar tan insolidario como denunciable y, por supuesto, punible.

Y todo esto cosido y remendado entre bromas pavisosas y cierto erotismo blando para garantizar la continuidad ( de la «serie».

En fin,  que no sé si cambiar de serie o, simplemente, abrir un libro… Aunque lo cierto es que, a lo largo de día,  suelo tener varios libros abiertos…

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