¿APRENDER CHINO MANDARÍN?

Ayer acompañé a mi amigo Mikel a hacer la matrícula de  un curso de iniciación al chino mandarín para su hija. Luego, en el Iruña, tomando  un txakolí- vizcaino, of course – me decía que así había cumplido en lo doméstico lo que suele sugerir  en lo público ( a su alumnado): que  en vez de darle tanto al inglés  comiencen a pensar  en el árabe o …en el chino.

«El chino es una lengua con futuro: son cerca de  1.300 millones de personas que pueden convertirse en una gran masa trabajadora industrial, en un público casi universal o en una clientela gigantesca para el mercado occidental. Pero, es que, además,  el chino es también una lengua con pasado. Con un pasado denso, profundo y desconocido. Pues es la lengua de Lao Tsé, de Confucio, de Mencio, de Mo-ti, y, en este sentido, puede ser tan interesante como el griego en el que escribieron Platón o Aristóteles; o el latín de Séneca u Ovidio…o el alemán de Kant y de Hegel».

Y  entonces recordé que Mikel y yo, que somos del francés – y muy afrancesados  culturalmente hablando: continúo comprando el Magazine Littèraire– , que no llegamos generacionalmente al inglés universal salvo para entender a  los Beatles  o a los Rolling y  , luego, a los Sex Pistols, pues bien, recordé, digo, que ya en su momento y según cuenta en sus Memorias Octavio Paz ,  José Ortega y Gasset le sugirió que debía aprender el alemán y dedicarse a la filosofía.

Y es que según los años y las épocas históricas y los predominios culturales o geopolíticos, la relevancia de las lenguas ha ido cambiando y hoy, probablemente, Ortega – que era un hombre avispado- le hubiera dicho a Paz  que aprendiera mandarín. Y no sólo cómo lengua de relación (por ejemplo comercial), sino también como lengua de acceso a otra cultura( 1) que ha aculturizado todo Oriente desde Corea hasta el Japón y que en estos momentos se está convirtiendo en uno de los ejes ideológicos de vertebración internacional más allá, ya , de las  «chinoisseries»  del siglo XIX o del comunismo de Estado del XX.

(1) Jullien, F. 2005.La china da que pensar. Barcelona

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