IZQUIERDAS ,DERECHAS ( y «Capitalismo de la vigilancia»)

Puede ser, sin duda, cierto ( y como ha comentado un viejo amigo) que en política sería mejor atenerse más a los hechos y menos a las palabras. Se trata de una receta antigua que, al menos en términos de Ciencia Social, ni demasiado teórica ni demasiado empírica, ya formuló G. Wright Mills, en su La imaginación sociológica.

Pues las palabras, y sobre todo las que tienden a resumirse en sí mismas con toda la carga semántica acumulada a lo largo de mucho tiempo, acaban por perder el referente y sirven tan sólo – y no es poco- para sustituir a las hachas más o menos pulimentadas: no hay más que pensar en términos como «izquierda», «derecha», «pueblo», «casta» y otras similares.

Pero que al cabo se coincida en un consenso entre diferentes y aún opuestos para llevar a cabo determinadas acciones, no quiere decir que no subsistan las convicciones o los puntos de vista, anclados en muchas ocasiones en lo irracional , pero operantes como ideologías y/o utopías, en célebre clasificación de otro sociólogo definitivo, Karl Mannheim, precisamente en su obra Ideología y Utopía.

Y en este sentido, y teniendo en cuenta los ajustes políticos tan necesarios en una democracia – por tan imposibles en cualquier dictadura confesa o solapada- no sería muy de recibo tomar el rábano por las hojas y hacer de un cesto cien, o sea, que junto con el consenso político se supusiera también una anuencia casi cósmica.

Más bien , se trataría de lo contrario, es decir, de llegar a acuerdos políticos – y mejor si son de contenido social, dadas las circunstancias – pero sin renunciar y aun manteniendo el debate global por encima de la contienda electoral.

Mantener el debate, por ejemplo, para intentar caracterizar este nuevo «capitalismo de la vigilancia« que ha desmantelado el sueño original de Internet como fuerza liberadora , que ha aprovechado la pandemia para echarse para adelante y que tiene toda la pinta de que ha venido para quedarse…

SOCIEDAD Y CONOCIMIENTO (Ten years after)

Se cumplen ahora diez años largos de la publicación de Sociedad y Conocimiento ( Una sonata germánica: Max Scheler, Karl Manheim, Alfred Schutz), segunda parte de mi aportación profesional ( y personal) a la Historia de la Sociología del Conocimiento, una disciplina que más que intentar dilucidar la verdad o falsedad de cualquier tipo de conocimiento, pretende analizar las condiciones socio- culturales en las cuales se acepta algo como verdadero o falso.

Releyendo las Conclusiones – que yo denominaba Reflexiones in/tempestivas por sus remembranzas nietzscheanas – me he encontrado con algunos asuntos y trasuntos todavía de cierta vigencia.

Así, por ejemplo, la cuestión del lenguaje ( con sus extensiones audio- visuales actuales por vía electrónica) y de su capacidad performativa para crear «realidad».

O, también, las dinámicas sociales que se pueden ( y suelen ) generar en función de ideologías y / o utopías que actúan como potentes banderines de enganche.

Y otro sí, y en relación con lo anterior, la relevancia de las religiones tradicionales y de sus secuelas civiles como el nacionalismo, el socialismo, por no citar el vegetarianismo, el feminismo o el ecologismo , en la constitución de estrechos vínculos sociales.

O, para finalizar, la indagación sobre la finalidad del trabajo intelectual, y sobre su proyección social , considerando al colectivo implicado como ciudadanos y ciudadanas.

Diez años son pocos, desde luego, para apreciar cambios significativos tanto en las preguntas vigentes como en las respuestas posibles…Pero ahí seguimos algunos ( y algunas) dando la murga , por pasión y por curiosidad…

[ Como se puede ver, hoy he venido a «hablar de mi libro», como un Umbral cualquiera…]

ETA ( y las peras del olmo)

En un suplemento cultural que leo semanalmente con mucha atención, se comentaba hace unas semanas el último libro de Bernardo Atxaga en su edición de castellano y titulado Casas y tumbas ( Etxeak eta hilobiak en su edición original, Pamiela, 2019). La recensión finalizaba con las siguientes palabras: «En Casas y tumbas no se encuentra ni una brizna del dolor colectivo que exorcizó Fernando Aramburu en Patria. Atxaga ha compuesto una novela ideológica en la que toma partido a favor del olvido y la desmemoria».

Por otro lado, en un reciente homenaje al arquitecto Julián de Larrea Basterra, que durante la época franquista diseñó buena parte de los edificios del ensanche bilbaino y participó en la construcción de los nuevos barrios obreros de la periferia, más allá del cumplido repaso profesional que realizó el historiador del arte Javier González de Durana, se mencionó su traslado a Madrid en 1980 ante las exigencias del pago del llamado «impuesto revolucionario» por parte de ETA.

Asimismo,tras el vuelco de la plantilla electoral ocasionado en el seno del Partido Popular del País Vasco por la defenestración de Alfonso Alonso, su sucesor designado, Carlos Iturgaiz, ha hecho un claro llamamiento al reagrupamiento ( incluyendo a VOX )de quienes nada quieren saber de paños calientes con el nacionalismo y los «herederos de ETA».

Desde luego, no resulta difícil admitir que la acciones de ETA, sobre todo cuando estuvo liderada por sus dirigentes más militaristas, quebraron muchas vidas y muchas familias , y también muchos futuros profesionales, ocasionando una diáspora dramática en la mayoría de los casos.

Pero sí resulta un tanto incomprensible que diez años después del cese definitivo de su actividad armada, se pretenda una y otra vez un regreso al pasado como si fuera un regreso al futuro, tildando a quienes no acepten jugar con esas cartas de desmemoriados.

O, mucho peor, de ideologizados, pretendiendo quienes así los mentan representar La Verdad, como si esta pudiera ser una y única al modo de una trasnochada concepción metafísica, y no construída socialmente como ya nos hicieron ver, por ejemplo, los sociólogos Maurice Halbwachs o Peter L. Berger y Thomas Luckmann.

Pues no se pueden pedir peras al olmo, salvo en un retruécano poético – como hiciera Octavio Paz- y si se quieren pedir hay que escuchar todas las voces y no sólo las propias e interesadas, interesadas políticamente, por supuesto.

CORONAVIRUS ( cui prodest?)

Más alla de las implicaciones geopolíticas mayores y más acá de las modificaciones menores de la vida cotidiana, la expansión del coronavirus COVID-19, está generando el progresivo colpaso de uno de los paradigmas de estos nuestros tiempos post- modernos: la movilidad.

Pues «la movilidad» es una de las claves conceptuales del presente social y del futuro histórico. Una movilidad casi siempre de carácter horizontal, en la que el paradigma subsume desde la adaptabilidad personal y continua a los movimientos informativos generados por los medios de comunicación y las redes sociales , hasta la aceptación de una globalización absoluta de bienes , personas y servicios. Sin obviar, por supuesto, una educación cada vez mas mediada internacional y electrónicamente, y una tipología general básica laboral que exige una serie de actualizaciones sin fin.

En este sentido, la expansión del coronavirus COVID-19 ataca de frente este paradigma, deteniendo cualquier tipo de movilidad , personal, educativa, profesional, ( …deportiva ) y sugiere un confinamiento inmediato de mayor o menor duración por mucho que se insista en su baja letalidad final.

Aun así , no es posible concebir una utilización social aleatoria de este virus. Pues algunos precedentes indican lo contrario. Tal fue el caso del VIH , que facilitó el exterminio de un buen número de «indeseables » , así como la reconversión general de las conductas sexuales a partir de los años ochenta del siglo XX ; o el de la gripe A (H1N1) , que desvió la atención de la crisis financiera mundial del 2008.

Por lo tanto, y sin despreciar las cuestiones higiénico- sanitarias, habría que hacerse la pregunta de siempre: Cui prodest? .O sea, ¿ a quién beneficia? Por ejemplo …¿A quién ha beneficiado ya la suspensión del Mobile World Congress Barcelona 2020?

ZAZIE DANS LE MÉTRO (revisited)

En medio de un ambiente tan cargado por la amenaza de una pandemia que acaso oculta una endémica y solapada guerra comercial , y entre los corchetes de milenarismos resucitados y dimisiones no hace mucho impensables, consuela y mucho tener la oportunidad de ver Zazie Dans Le Métro, del director francés Louis Malle ,filmada en 1960.

Esta impagable oportunidad hay que agradecérsela al ciclo sobre «Cine y Ciudad» que, presentado por el siempre excelente Eneko Lorente, ha organizado el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro en su sede de Bilbao (1).

Y consuela porque la divertida historia de Zazie , una traviesa y malhablada niña que llega a París para pasar un tiempo con su tío Gabriel y cuya única obsesión es hacer un viaje en metro, es una hábil excusa para hacer una ácida crítica de la sociedad francesa de los años sesenta, y constituye una apuesta formal innovadora y disruptiva.

Pues más allá de mostrar las derivas hacia un futuro de ciudades colapsadas ,dependientes de los transportes, o la transformación de los viajeros reposados en turistas frenéticos, la combinación de registros tan diferentes como el cine cómico, los documentales de largos planos -secuencia , los picados y contrapicados expresionistas o los juegos de cámara surrealistas, permiten una resolución agil y a la vez contundente, convirtiendo el film en un clásico.

Y la prueba más clara de ello es que, sesenta años después ,
Zazie Dans Le Métro continúa moviendo a la sonrisa y a la reflexión, dos manifestaciones ciertamente ausentes hogaño en nuestros lares, entre tanta supuesta y gritona severidad casi siempre abducida de irracionalismo…

(1)CIUDADES DE CINE» CICLO DE CINE Y CIUDAD COAVN 2020″

CATÓLICO ( «no estar muy…»)

«Hoy no me siento muy católico» es una frase que oía de vez en cuando a mis mayores durante la infancia. Se utilizaba siempre en sentido negativo – jamás escuché «hoy me siento muy católico » – y para indicar que quien la decía no andaba en aquella ocasión muy bien de lo que fuera.

He recordado esta identificación de «lo católico» con lo bueno, lo positivo – más allá de su significado etimológico como «universal» ( Corominas dixit) – ,tras echar un vistazo al libro La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán .En esta obra se intenta llevar a cabo una historia de la derecha política en España – que no solo española – y concluye su autor afirmando que el rasgo característico de esta tendencia ideológica ha sido su adhesión a la defensa de la «nación católica», entendiendo por tal la plasmación política institucional de los principios morales de la Iglesia Católica. Como estrambote, se añade que lo que en otros lugares se ha mostrado como conservadurismo liberal tan solo ha constituido, en este caso, un conjunto de breves, casi brevísimos, episodios de su devenir.

Lo más curioso de esta larga y documentada reflexión es que contrasta y mucho con la menor aceptación manifiesta de la Iglesia Católica en la actualidad.Y no ya tanto porque algunos de sus recursos orgánicos básicos, como la cobertura de los ritos de nacimiento y matrimonio, y acaso cada vez más de los morturorios, estén cayendo en desuso, o porque su moral circule ahora democráticamente como una opción más, sino también porque, como se ha podido comprobar recientemente, las aportaciones de la ciudadanía al mantenimiento de la Iglesia Católica a través del IRPF, han disminuído notablemente en algunos lugares de la piel de toro.

En este sentido es muy singular el caso de las anteriormente muy católicas Provincias Vascongadas – las del «Dios, Patria , Rey» y el «Jaungoikoa eta Lagizarrak» – en las que las contribuciones han caído globalmente. Y particularmente en Gipuzkoa ,donde tan sólo el 17, 2% de los contribuyentes ha señalado la casilla correspondiente, recaudandose 330.904 euros menos.

Es posible que este último dato se deba a la deriva del obispo José Ignacio Munilla, un prelado no aceptado, incluso rechazado por amplios sectores de la Iglesia guipuzcoana, y que además ha incurrido en los últimos tiempos en algunas especulaciones de carácter inmobiliario, en principio harto impropias de su institución.( 1)

Visto lo visto, haría bien el obispado de Bizkaia en no seguir esta vía especulativa y renunciar de una vez por todas a su proyecto de construir un gigantesco edificio de ocho plantas y cuatro sótanos en la parcela que actualmente ocupa la Escuela de Magisterio- BAM en el barrio bilbaino de Abando , un proyecto que ha sido denunciado ante los tribunales y ante la opinión pública como una gran pelotazo inmobiliario…(2)Pues las consecuencias podrían ser similares y lo que se obtendría por la puerta grande se podría escapar por las ventanas pequeñas.

En cualquier caso, y por otro lado , el hecho constatado de que una gran parte de lo recaudado a través de estas aportaciones a la Iglesia Católica se destine al mantenimiento de una cadena de televisión (3) de corte totalmente reaccionario ynacional-católico, no hace sino ratificar la tesis de Gil Pecharromán , de forma y manera que se repite la fórmula a pesar de que los tiempos, incluso eclesiales, están indicando un cambio de tendencia.

Quizá sea, por lo tanto, el momento de que todos los implicados se pongan a «hablar en cristiano», otra expresión muy escuchada también en mi infancia y que acaso cobre de nuevo una singular vigencia porque a lo peor «no estamos muy católicos»…

(1) San Sebastián: Diez años sin paz en la diócesis del obispo Munilla.

(2) Abando Habitable.

(3) La financiación de 13TV

23 F

23-F ( sin subtítulos)

«No va a ocurrir nada, pero vamos a esperar un momento a que venga la autoridad militar competente para disponer lo que tenga que ser y lo que él mismo diga a todos nosotros. Esténse tranquilos , no sé si esto será cuestión de un cuarto de hora, veinte minutos, media hora , me imagino que no más tiempo. Y la autoridad que hay competente, militar por supuesto, será la que determine qué es lo que va a ocurrir. Por supuesto que no pasará nada, así que esténse ustedes tranquilos…»(1)

De todos los recuerdos de aquel 23 de febrero de 1981 que me vienen a la memoria son estas frases de retorcida sintaxis y reiterado contenido las que conservan todavía mayor vigencia. Pues en su anacoluto en torno a la «autoridad competente, militar , por supuesto», se resume la insuficiencia verbal de quien las decía y la de quienes en un silencio sobrecogido las escuchaban frente a la soberbia suficiencia de las armas que mientras tanto se exhibían.

Aquello fue un intento de golpe de Estado de los de verdad, y un escalofrío recorrió toda la médula espinal de la oposición al franquismo, recientemente legalizada. Muchos, yo mismo, previendo una involución inminente, destruímos cualquier tipo de material comprometedor y, por supuesto, no dormimos en nuestros domicilios habituales : a la mañana siguiente, «restablecido el orden constitucional», supimos que ya se habían elaborado rápidamente «listas» de refractarios al nuevo orden que se pretendía imponer.

Un intento de golpe de Estado que pretendió restaurar un régimen conservador , confesional y centralista , como lo consiguió el general Pavía en 1874 y el generalísimo Franco a partir de 1939 y que quedó militarmente en nada salvo las duras condenas iniciales para el propio Tejero, el teniente general Jaime Milans del Bosch que había sacado en Valencia los tanques a la calle por su cuenta, y para el general de división Alfonso Armada, artífice intelectual de una conspiración en la que las ramificaciones políticas quedaron sepultadas para siempre.

Un golpe de Estado de los de verdad, insisto, algo de lo que deberían tomar nota algunos políticos de hogaño que utilizan esta expresión no se sabe si por desfase generacional, por una incultura general básica o por esa carrera hacia el tremendismo que tan a menudo les informa. ..

(1) Antonio Tejero y el golpe de Estado del 23-F

IDENTIDADES NACIONALES (como «cansancios que unen»)

Quizá la cuestión de la identidad nacional habría que abordarla en estas primeras décadas del siglo XXI desde una nueva perspectiva, simplemente testimonial, y narrada por relatada.

Pues desde la política,lugar al parecer natural de su asentamiento, ya ni siquiera se tienen en cuenta las tristes y terribles experiencias del siglo XX, y más bien se plantea como si todavía viviésemos en el XIX.

Buena prueba de ello son las argumentaciones jacobinas que postulan la Nación como concepto-máquina igualadora, haciendo surgir de ella necesariamente un Estado. Una opción reiterada por los de aquí y los de allá desde multicolores banderas diversas ,y sancionada paradójicamente desde el conservadurismo foral hasta el post-maoísmo, concediendo a lo interno diferente la categoría de estructura ausente. (1)

O aquellas otras derivas de tono historicista, tan caras – en ambos dos sentidos- a tirios y troyanos, que distinguen entre legitimaciones identitarias verdaderas o inventadas, como ha ocurrido recientemente en el siempre modélico caso de Navarra, en el que las interpretaciones cruzadas coinciden al cabo en la disputa documental, por mucho que ya, por ejemplo, un pariente lejano dejara claro hace más de cien años lo mucho que había de leyenda en la Historia (2).

Y acaso sea que, de tantas vueltas intelectuales que se dan para intentar ordenar sentimientos muy básicos, anclados en vivencias y sufrimientos comunes, no se terminan de dar las condiciones para su mera y simple aceptación, y de ahí surge el cansancio y el hastío…

…Pero a lo mejor, y a lo peor, en ese cansancio y en ese hastío, y no tanto en el ansia de un nuevo Estado o en la búsqueda de una nueva legitimidad, resida ese sentimiento identitario… “Aquellos cansancios que unen” que decía el tan denostado y tan poco leído reciente Premio Nobel de Literatura Peter Handke…

(1) Ramón Villares,2006 «Galicia é nación porque creou unha cultura»

(2) Ambrosio Huici,2011. Estudio sobre la campaña de las Navas de Tolosa,Pamplona: Ed. Pamiela.

JAVIER ( Aguirre Gandarias)

En medio de los últimos torbellinos trágicos, políticos y ecológicos, se presentó ayer en la librería Louise Michel de Bilbao , el número 3 de Touroum Bouroum, revista semestral editada en Bayona que se publica en euskera, castellano y francés.

Este número acoge un homenaje al poeta Javier Aguirre Gandarias, recientemente fallecido.

Como quiera que no he tenido la oportunidad de hacerlo directamente, me sumo ahora a su gratísimo recuerdo con estas líneas publicadas hace ya unos años:

«Javier es un hombre dulce y acogedor. Y también poeta de larga duración. Pero ya quisieran muchos poetas tener la voz que él tiene , que no desmerece en nada de lo que escribe, como ocurre con tantos otros en los que se cumple aquello de “ know the poem , but not the poet” y es mejor que no nos reciten sus  versos.

De larga duración es también nuestra relación, desde los tiempos en los que en el bar El Tilo del Arenal bilbaíno  nos juntábamos con Txema Larrea, Luigi Anselmi, Jesús Etxezarreta, Mikel Agirreazkuenaga, Andolin Eguzkitza y otros tantos más,  formando parte de lo que uno de ellos ( Jon Juaristi, beharbada) había denominado Vinogrado, probablemente por lo mucho que bebíamos ( todavía nos creíamos aquello del «sapias, vina liques»). Todos más o menos vascos (euskadunak gehienetan) y más o menos varones y mayormente mal esfoliados.

En medio de aquellas tertulias, que tenían su prolongación en La Concordia o en el JK,- si se iba a la grande-   y por las que pasaron espíritus  de tan diversa condición como una rama  islámica sufi y una variante  chamánica, Javier no perdía nunca la sonrisa, siempre muy seguro de lo que hacía y de lo que quería hacer, manifestando  esa vocación que le ha permitido ir publicando libro tras libro, año tras año.

Javier, además, ha conseguido fidelizar a  un conjunto de lectores singulares, desbaratando las teorías del “campo literario” de Pierre Bourdieu y sus discípulos, o , mejor, haciendo saltar por los aires su legitimidad como campo “único”, abriendo paso a  un “micro-campo literario” propio, sin convertirse en un pretencioso y arrogante “poeta de culto”.

Y todo esto se lo digo, poco a poco, entre sorbos de un fresco y seco txakolí , en esta terraza del Restaurante el Puerto de Plentzia, mientras él cabecea y niega débilmente con la cabeza.

Javier, o sea Javier Aguirre Gandarias. Poeta. «

UNO ( ¿de los nuestros?)

Según cuentan las crónicas, un famoso político español, ante el cúmulo de informaciones que iban saliendo sobre la corrupción de su propio partido, comentó en una reunión de alto nivel : «Yo ya no sé si soy uno de los nuestros».

Sin duda esta sería también una buena pregunta que tendrían que hacerse quienes, desde la afiliación, la simpatía o la votación, mantienen algún vínculo entre lo que piensan y sienten y lo que estiman que debe hacerse.

Y en este punto la respuesta sería relativamente fácil teniendo a la vista las bases ideológicas del partido u organización al respecto y un breve elenco de sus actuaciones. Pues así se podría comprobar si las bases estratégicas sobre las que se debería articular la acción política se han vehiculizado en las operaciones tácticas correspondientes o, si por el contrario, estas últimas, convertidas en mero tacticismo, han abducido a aquellas de manera irresponsable.

Detectar, en este sentido, quién o quiénes habrían llevado las actuaciones por caminos inadecuados, incorrectos o incluso claramente contradictorios, permitiría apartarlos de inmediato y asi evitar más efectos contraproducentes en el fragor de la vida política, y poner freno al desaliento de la traición.

Pero, en fin, no hace falta ser un fan de John LeCarré o de Martin Scorsese para saber que lo anterior es política-ficción, pues ese «arte de lo posible» está impregnado de algunas fuerzas casi imposibles de controlar, y que , como siempre, y desde la institución según la cual se han modelizado todos los partidos y organizaciones que en el mundo han sido, el ruego de «No mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia» , resulta siempre muy consolador…

…Aunque más de uno y de una dude de si ya es «uno de los nuestros».