EL SILENCIO (digital)

Como ya comenté recientemente- en calidad de micro-sociólogo burgués en excedencia (1)- uno de los efectos colaterales de la pandemia del COVID-19, acaso el más trascendente, ha sido la inmersión acelerada en el mundo digital ante la imposibilidad del contacto face to face.

Así lo confirman los datos de las grandes empresas como FACEBOOK o GOOGLE que en sus diferentes plataformas y sub-plataformas han incrementado sus beneficios en más de un 50% en el último semestre.

Este fenómeno de la digitalización de la vida cotidiana, del comercio, de la educación y hasta del sexo,está probablemente abriendo paso a un cambio civilizatorio como bien ha señalado el escritor italiano Alessandro Baricco ,pero también está teniendo una consecuencia singular en alguna de sus expresiones.

Y tal es la expansión de la pasividad receptiva en aquellas plataformas que no exigen un feed-back mediato o inmediato, como pueden ser FACEBOOK, TWITTER o INSTAGRAM, por las que circulan muchas entradas pero en las que se registran muy pocas respuestas o comentarios.

El siempre agudo psiquiatra Pablo Malo (@pitiklinov), se hacía eco en un tweet reciente de la fórmula 90-9-1 en relación a las comunidades de Internet : el 90% de la gente observa en silencio, el 9% aporta poco, y un 1% hace mucho .

Si esto es así, habrá que concluir que ese silencio abrumadoramente mayoritario, condicionado siempre y por supuesto por el algoritmo de la plataforma en cuestión, es efectivamente una manifestación de pasividad. Pero ¿de pasividad ante qué?

Se me ocurren varias respuestas. Una tiene que ver con la pasividad estructural que ha generado desde el principio la transmisión entre pantallas que siempre resulta excesivamente cómoda. Otra, en el otro extremo, sitúa la pasividad en cierta incomodidad frente al exceso «creativo» de algunos y algunas ante lo que ya Roland Barthes -en La preparación de la novela – denominara «bloques de deseo». Y una última, la más simple, la más sencilla, vincula la pasividad a un impulso «voyeur» que garantiza desde la distancia un mínimo de socialidad que ni compromete ni es comprometida por más que pueda ser abducida desde los grandes receptáculos de datos.

¿Se te ocurre, querido lector, querida lectora, alguna otra explicación para este silencio digital?

(1) A partir del minuto 22 14″:

https://www.facebook.com/ciesportal/videos/1278137035872298/

8 respuestas a «EL SILENCIO (digital)»

  1. Precioso análisis, como siempre.
    A mí se me ocurren dos comentarios uno transversal/demalahostia y otro más directo.
    El directo, creo, la inseguridad personal, el miedo a desnudarse en público (no olvidemos que las aportaciones son auténticos striptis o strepteases) que hace que muchos y muchas no se atrevan a manifestar en público lo que pueden, sin pudor, contar a sus amigos. Recuerdo al respecto, una conferencia sobre los peligros de las redes sociales que en la escuela de mis hijos, cuando eran pequeños, organizó el AMPA; en ella se nos decía que tenemos que hacerles ver a los y las adolescentes que no podemos poner en una red algo que no estuviéramos dispuestos a escribir en un cartel con nuestro nombre y pegar en una farola en la plaza de la estación.

    En cuanto al «transversal/demalahostia» tiene un carácter político. Mediante subvenciones y/o ayudas se intenta paliar los efectos económicos de la pandemia en autónomos y pequeños empresarios (no sé si se logra, pero debiera de ser absolutamente prioritario), pero las grandes empresas (además de las que usted cita de comunicación) como podrían ser eléctricas, fabricantes de geles, mascarillas, guantes y demás artilugios, farmacéuticas, ventas on line que podían seguir trabajando cuando el resto de las tiendas estaban cerradas… y otras muchas, sin olvidar a aquellas que aprovechando el momento hacen enormes reajustes en plantilla que, por supuesto, habrían hecho sin la pandemia, aunque se ahorran la posible «contestación social»… ¿No tendrían que pagar aportaciones especiales vía impuestos?. Los gobiernos que «ganan» siempre prefieren decir que para contener el desempleo sería conveniente estudiar una bajada de salarios, y los beneficios extraordinarios al saco. El viejo socializar pérdidas y privatizar ganancias.
    Yo no me atrevo a escribir cosas así en una farola de la plaza del metro… pero sí lo comento entre amigos.
    Un saludo

  2. Has utilizado la expresión «pasividad receptiva». Yo desde hace tiempo vengo hablando de «participación pasiva». De hecho, aparece en algunas de mis investigaciones y en distintas publicaciones. ¿Razón? No es simple, pero, básicamente, de índole cultural.

  3. Es un divertimento barato. Antes, en los pueblos, hace tiempo, la gente se sentaba a ver pasar los coches cuando pasaban una docena al día. Otros se sientan en la plaza del pueblo con el caliqueño en la boca pero cada vez es más la gente que no fuma. Las partidas de cartas en los bares casi han desaparecido y con ellos las copas. Del ajedrez ni hablemos. Y así sucesivamente

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