ELLACURÍA ( y los demás)

Ahora que se está celebrando el juicio contra Inocente Orlando Montano, excoronel del Ejército Salvadoreño y exviceministro de Defensa, como responsable de la muerte de Ignacio Ellacuría , otros cuatro jesuitas, un salvadoreño y dos mujeres, hace ya treinta años, me he acordado de él.

Era una mañana de junio y el sol brillaba impertinente de vez en cuando entre el smog grisáceo que cubría la ciudad.Mientras preparaba el examen que íbamos a tener con Santiago Segura, el profesor de latín que me hizo amar vivamente esta lengua muerta, llamaron a la puerta de mi habitación del Colegio Mayor Deusto

Alto y fibroso, entró con una sotana impecable, apagó su cigarrillo en mi cenicero, a rebosar de colillas de Celtas cortos ,y dejó un grueso libro sobre la mesa. «Sé que eres un buen lector, así que te traigo lectura para el verano. Ya lo comentaremos en setiembre». El libro se titulaba El pensamiento de Carlos Marx, y su autor era Jean-Yves Calvez, un jesuita francés.

Durante aquel verano fuí leyendo poco a poco el libro de Calvez , subrayándolo con uno de aquellos lápices rojos y azules que se solían usar, y fui notando que algo importante iba cambiando en mi manera de ver el mundo.

Llegó setiembre. Yo continué mis estudios en otra universidad y ,segun me dijeron, él marchó a Colombia a petición propia

Ha pasado mucho tiempo . La lectura de aquel libro abrió paso a otros muchos que , renovando mi judeocristianismo basal, me han servido para ubicarme en este mundo en ocasiones tan inmundo. Él se integró en una guerrilla y ,según luego me enteré, al cabo de unos años, lo detuvieron y fusilaron “los milicos”.

Ahora ya solo puedo recordarlo recordando aquellos versos de T. S. Eliot: «Time present and time past/ are both perhaps present in time future,/ and time future in time past…»

4 respuestas a «ELLACURÍA ( y los demás)»

  1. Buen comentario.
    Yo también fui alumno de Santiago Segura, y asistí a algunas conferencias de D. Ignacio Ellacuría (fui alumno, pero mal alumno, porque no congeniábamos, de uno de sus hermanos).
    No conocí a los otros también asesinados, pero cuando oí la noticia me vinieron a la cabeza algunas palabras de la última conferencia que yo le había oído. Y no eran las palabras, sino el tono de voz en el que hablaba lo que se me quedó para siempre.

  2. ¡Qué lejos queda todo aquello de la Teología de la Liberación! Me da que aquellos países de América adolecen de los mismos problemas que ellos denunciaron y, si cabe, agudizados.

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