ENSAYOS MÍNIMOS: LA MADUREZ

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La gran belleza, de Paolo Sorrentino ( 2013)

«La madurez  es un término equívoco bajo el que se esconde un anhelo y también una extraña nostalgia.

Así, por un lado, es una palabra que remite al anhelo de un modo de ser — exactamente igual que la planta que remite a la flor y la flor que  apunta al fruto — señalando un camino. Un camino en el que la pista fundamental que hay que encontrar es el propio biorritmo, pues una vez detectado, reconocido y aceptado, todo lo demás se detecta, se reconoce y se acepta. Y en ese todo lo demás está nuestra manera de amar y de odiar, pero también nuestra forma de trabajar y  de descansar. Encontrar esa pista, reconocerla y aceptarla es por lo tanto  conocerse a sí mismo  en la más pura tradición socrática.  Conocimiento de uno mismo que tendría que ser sencillo pero que  no lo es  porque nuestro biorritmo ha sido alterado, la mayor de las veces para mal, por una educación inadecuada — familiar y escolar — que ha implantado en nuestro cuerpo patrones de amores y odios  y ritmos de trabajo y descanso ajenos a nosotros mismos.  En este sentido  padecemos lo que Foucault  definió como » bio-poder». Por ello el trabajo de detección , reconocimiento y aceptación  del propio biorritmo suele ser lento y doloroso y , en algunas ocasiones, dramático  porque  supone, entre otras cosas , renunciar al » yo »  inducido por el consolador  bio-poder.

Pero, por otro lado, la madurez , en cuanto que algo alcanzado o meramente atisbado — ese haberse ya detectado, reconocido y aceptado — genera una cierta nostalgia  al contemplar los esfuerzos que , por edad o desidia, deben llevar a cabo aquellos y aquellas que apenas han iniciado el camino. Se rememoran entonces los momentos primeros  del desasimiento  del yo  y de sus costumbres, la confusión entre el ser y el deber ser, la agitación interior ante las renuncias  y la exaltación  entusiástica frente a los proyectos , las tentativas frustradas y  los oscuros días de perseverancia  muda y contenida. . .  Y se contempla todo con una cierta dulzura, con verdadera piedad.  No es ya cuestión de volver a pasar por  el mismo camino. . . pero  ¡ nos sentíamos tan vivos  en el fragor de aquella lucha contra  lo que habían hecho de nosotros !»

Este es un texto que me ha enviado Mikel- foto incluida porque le gusta y mucho La gran belleza, de Paolo Sorrentino)

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