GPS ( o el camionero perdido)

La semana pasada un buen amigo acompañó a su hija a una tienda que ya no existía pero que todavía figuraba en Googlemaps. Esta semana un camionero polaco ha quedado atrapado con su trailer de materias peligrosas en un camino rural tras seguir las indicaciones de su GPS.

No es la primera vez que ocurre ni lo primero ni lo segundo, pero como siempre lo anécdotico apunta a lo estructural que, en este caso, es la utilización cada vez más habitual de todo tipo de dispositivos electrónicos en nuestra vida cotidiana. Pues en efecto más allá de Facebook, Twitter, Instagran o Whatsapp, hay ya un sinnúmero de aplicaciones que supuestamente nos hacen la vida más fácil, siempre, eso sí, que tengamos conexión y cobertura.

Por supuesto, no se trata de adoptar una actitud ludita y tanto menos cuanto que la transformación es imparable, pero si acaso de parar un momento para ponerse a pensar qué ganamos y qué perdemos en todo esto. Lo que ganamos suele estar claro, pero lo que perdemos no tanto. Aún así cada vez es más evidente que nuestra atención es más dispersa – ya casi nadie aguanta un par de páginas de lectura- nuestra memoria , más a corto plazo -confiando en todos los repositorios a nuestro alcance- y nuestros movimientos menos libres, pues , por ejemplo los servicios ofrecidos algorítmicamente obedecen a intereses prefijados: nada más curioso que ver a los turistas-de-un-día buscando en Google lugares para comer o tomar algo que mayormente no son sino franquicias de grandes multinacionales.

Pero la suerte está echada y sólo nos podemos dar cuenta de lo mala que es cuando queremos visitar una tienda realmente inexistente o no podemos comprender – porque no entendemos un idioma- lo que nos gritan desde una caserío próximo para que no insistamos en continuar por un camino por mucho que se empeñe el GPS, que es lo que le ocurrió a ese camionero polaco…

2 respuestas a «GPS ( o el camionero perdido)»

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