IDENTIDADES ( y de recambio)

Como VHeMMS ( Varón  Heterosexual Monógamo Moderadamente Sucesivo ) me sorprendo cuando escucho por la calle que todavía se sigue discutiendo sobre las identidades.Aunque, claro, no soy (creo) mujer, ni negro, ni LGTBI, ni siquiera vegano.

Pero, curiosamente y sobre todo, me sorprende que se continúe discutiendo sobre las identidades nacionales, como si estas últimas fueran las únicas y no más bien las primeras en aflorar entre las cenizas siempre calientes del judeo-cristianismo, eso sí,un par de siglos antes de la polución de identidades de todo tipo que se ofrecen hoy en día por doquier, desde el constitucionalismo hasta el feminismo, pasando por el vegetarianismo o el ecologismo.

Además, compruebo una y otra vez que las combinatorias entre estas y otras tantas identidades suscitan debates desafortunados cuando no desaforados, sobre todo cuando se pretende anclar cada una de las susodichas ( en realidad todas, por aquello del prestigio) en orígenes lejanos y no en presentes efectivos por habituales.

Pues todas buscan dar un sentido inmortal a esta vida mortal , a este tránsito de «seres de un día» que cantaba el griego Píndaro , y esto sólo se puede conseguir por medio del hábito. Pues decía don David Hume que no solemos ser nada con sentido si no nos empeñamos en serlo, con razón o sin razón, pues la razón sólo sirve para deslegitimar, aparentemente, al diferente, pero acaso nunca para justificar, aún con siempre refutables pruebas,una deseada identidad. Y es que el sentido de la vida es quizá lo que nos hace humanos ( y humanas, of course), aunque a veces nos sintamos elegidos por los dioses, o dioses ( y diosas) mismamente, o escuchemos de profundis la inflamada llamada de la selva.

Así que, más allá de la sorpresa, he concluido que toca dejar que las identidades históricas y las de recambio sigan su curso.

Aunque algunos, como los VHeMMS´s ( y las posibles análogas) nos sintamos en franca minoría, nadie hable de nosotros y, en ocasiones, a pesar del esfuerzo, no entendamos casi nada de los sutiles matices que se cruzan en el aire más o menos contaminado y en ese otro , al parecer limpísimo, de las redes electrónicas…

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