INTEMPESTIVAS PANDÉMICAS ( 6. Tele- trabajo)

Lo intempestivo viene a ser aquello que resulta inoportuno para el tiempo en que se vive, que se muestra como extemporáneo porque se manifiesta fuera de plazo.Y si nuestro tiempo es el de la pandemia del COVID-19 ,lo intempestivo se configura en este caso como lo que trata de lo inoportuno y fuera de plazo pandémico.

Aun así en estas «Intempestivas pádémicas» que van saliendo , se pretende dar cuenta de algunos fenómenos colaterales que están emergiendo y que acaso pueden estar esbozando algunas lineas del dibujo del futuro post-pandémico que nos espera, sin pretender, por supuesto, apartar la atención de las obligaciones y protocolos que implica la gestión de salud pública.

Y ,a más de las analizadas en columnas anteriores, otra de estas lineas es una radical transformación en el mundo del trabajo, sobre todo a raíz de su vinculación con la opción telemática.

Esta opción viene de años atrás- probablemente desde la crisis económica del 2007 – pero ha experimentado una aceleración insospechada con el paso de la epidemia a la pandemia y las consecuentes medidas de confinamiento y perimetración, tal y como ha ocurrido en otros ámbitos.

En principio, el trabajo on line , en los sectores económicos en los que se podía llevar a cabo, se percibió con un cierto alivio por parte de las empresas que de alguna manera podían así mantener un ritmo productivo adecuado, y también por parte de muchos trabajadores y trabajadoras que veían la posibilidad de armonizar su vida laboral y familiar.

Pero, como ha ocurrido en momentos históricos anteriores, los cambios tecnológicos han generado paralelamente otros cambios psico-sociales como, en este aspecto, la deslocalización publico/privada en el domicilio y una mayor conversión del tiempo de vida en tiempo de trabajo, hasta generar lo que Ursula Huws ha denominado cybertariado y que se caracteriza por una disponibilidad de 24 horas durante los 7 días a la semana , el 24/7, según Jonathan Crary: las jornadas laborales de grandes despachos, bancos de inversión y consultoras que llegan a trabajar hasta doce horas diarias pueden ser significativas del modelo al que se está apuntando.

Y en esta situación, frente a la conculcación de derechos laborales duramente adquiridos a lo largo del siglo pasado, será previsible una nueva adaptación que se dilucidará entre la fuerza sindical que recabe este nuevo cybertariado , las propuestas empresariales y una acción de gobierno que será muy diferente según el signo político-social a que se adscriba.

Pero, mientras tanto, el tele-trabajo ya está ahí, creciendo y expandiéndose a la sombra de la pandemia…

4 respuestas a «INTEMPESTIVAS PANDÉMICAS ( 6. Tele- trabajo)»

  1. Buenos días, Vicente.
    El teletrabajo, desde mi punto de vista que desgraciadamente no conozco a Ursula Haws ni a Jonathan Crary, no es una forma (¿nueva?) de organizar el trabajo, sino una forma nueva de acaparar los recursos por parte de los que ya los poseían:
    – Lo que en un principio parecía que podría ser la posibilidad de armonizar vida familiar y laboral se convierte en justo lo contrario, porque, antes, durante el tiempo trascurrido en el puesto de trabajo no había relación con la familia, el resto de la jornada sí. Ahora que el puesto de trabajo esta en casa, pero que dura 24 horas no hay armonización de ningún tipo; ésto es, en mor del trabajo, la familia debe asumir durante toda la jornada, roles que antes, aunque fuera durante algunas horas, podía asumir la persona que trabajaba fuera de casa. Es decir, se podría decir que las empresas han cambiado «un/a trabajador/a» por toda una familia de trabajadores.
    – Ya he comentado en algún otro de tus artículos, por lo que puede resultar repetitivo, que junto al teletrabajo hay, en muchos casos, un aumento considerable de las funciones de la clientela. El ejemplo más claro lo tenemos en la Banca, donde sin bajar las comisiones, al contrario, los clientes debemos utilizar los cajeros para obtener los servicios que antes nos daban los trabajadores del banco: sacar dinero en metálico (en la mayoría de las oficinas bancarias no hay ya «caja» ni operaciones en efectivo o están limitadas a un par de horas al día), realizar pagos, hacer transferencias… como resultado, las oficinas que no desaparecen ven reducido su personal en un enorme porcentaje (de 7 a 2 es la variación del personal que ha sufrido la oficina bancaria que el banco me ha asignado). En las gasolineras nos ponemos nosotros la gasolina, disminuye notablemente el número de trabajadores y trabajadoras y el precio de la gasolina sigue siendo el mismo, y subiendo. En grandes tiendas de todo tipo, es más frecuente el «autopago». Cuando muchas veces llamamos a un servicio recibimos respuestas del tipo «ahora no lo puedo hacer porque estamos teletrabajando y en estos momentos no puedo comunicar con el compañero o compañera que lleva ese asunto. Por favor, llame más tarde.»
    Entiendo que haya muchísimas funciones que, efectivamente, se puedan desarrollar mediante el teletrabajo en igualdad de condiciones, pero otras muchas implican la aceptación del cliente de pérdida en la calidad del servicio. Aceptación del cliente que junto a la sobreexplotacion horaria del teletrabajador/a y a la disminución de personal y gastos (caso del cierre de oficinas) implica, en muchos casos, unos importantes beneficios extras para las grandes empresas.
    Creo que para estas grandes empresas, la pandemia no ha sido la causa, sino la excusa, y el teletrabajo un «chollito».
    Un saludo

    1. Muchas gracias por el comentario. Y pienso, en efecto, que la pandemia no ha sido la causa sino la ocasión perfecta, en el sentido de la «tormenta perfecta», para acelerar un cambio radical en el régimen laboral que ya se venía apuntando desde hacía algunos años. De hecho , Claudio Magris (Magris, C. 2018. “La dictadura de los SMS”. El Mundo, 20/02/18) ya habla de que el cybertariado vendrá a ser una nueva clase social , como la de los antiguos siervos de la gleba, reservándose los “nuevos señores” el tiempo necesario para la dedicación a sus propios intereses. Un cordial saludo, agradeciendo tu atención.

  2. Vicente:
    Me vas a perdonar que utilice tu blog para, como si fuera una P.D. de mi escrito anterior expresar mi mala hostia por la noticia que acabo de leer en DEIA, y que tiene que ver con lo que arriba escribía sobre la implicación de los clientes en todo ésto:
    «El BBVA inicia un ERE para servicios centrales y oficinas».
    Lógico, si los clientes hacemos los trabajos de los empleados y empleadas, seguimos pagando las mismas comisiones, ligeramente ampliadas, y no decimos nada… ¿para qué quieren empleados y empleadas? Nosotros, los clientes, hacemos su trabaja y no sólo no cobramos, sino que pagamos comisiones por ello; y si tienen algún «problemilla» les rescatamos entre todos.
    No es nada relacionado con el coronavirus. Ya en 1969 Oskar Lange («introducción a la economía cibernética») nos advertía de esta situación a pesar del «retraso» que en aquella época podría tener la ciencia cibernética.
    Mañana, quienes permiten todo esto nos volverán a pedir el voto en nombre del progreso y de la democracia… y se lo daremos.
    Un saludo, de mala hostia (lógicamente no contra tí, sino todo lo contrario)

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