INTEMPESTIVAS PANDÉMICAS ( 8. De libros y librerías)

LIBRERÍA LOUISE MICHEL LIBURUAK ( Bilbao)

Curiosamente el índice de lectura ha subido, aunque muy moderadamente ,desde el comienzo de la pandemia del COVID-19. Y, según los datos, el incremento se ha producido en la lectura del libro en papel, entre el lectorado femenino y el más joven.

Así que más allá del libro electrónico ( e-book) que en su triunfo relativo parece haberse llevado por delante sobre todo el libro escolar y académico, el soporte de papel resiste a pesar de los malos augurios que comenzaron a escucharse con el cambio de siglo.

Es más que probable que la materialidad de ese paralepípedo maniobrable ( como decía Roland Barthes), con el añadido ya casi obligatorio de una cuidada edición, continúe operando como un estimulante objeto de deseo entre los ires y venires de la mirada electrónica.

Pero junto con esta previsible persistencia , otros datos ( ¡Ah, siempre los datos!) indican que lo que sí se ha modificado, y radicalmente, durante los meses de pandemia, ha sido el sistema de ventas y, en consecuencia el modelo de distribución, pues las plataformas virtuales- como Amazon- han acaparado también el comercio de libros, como ha ocurrido en tantos otros ámbitos.

Este último aspecto, que deberá ser muy tenido en cuenta por quienes se dedican a la edición, está trastocando el sentido competencial ( como se diría ahora) de las librerías, pues están dejando de ser , como habían sido hasta hace muy poco tiempo, el sitio propio de venta: probablemente su futuro estará vinculado a su transformación en lugares de encuentro multi-cultural, en los que se ofrezcan diversas y variadas actividades en torno al mundo de los libros y, sobre todo, de aquellos cuya presentación – y venta directa- resulte un acto participativo en sí mismo.

Acentuar las condiciones participativas contribuirá, además , a contrapesar y equilibrar el nuevo modelo de relaciones sociales electrónicas que tanto se ha acelerado durante la pandemia.

5 respuestas a «INTEMPESTIVAS PANDÉMICAS ( 8. De libros y librerías)»

  1. Hola, Vicente
    «ese paralepípedo maniobrable» e insustituible, añadiría yo. Yo me compré un eboock de esos, y, cuando. poco tiempo después, se me estropeó, por accidente, no por exceso de uso, mis hijos me regalaron otro…. que está lleno de libros pero casi nuevecito por falta de uso. Eso sí, la mayoría de los libros que están ahí, y que me interesan, los tengo leídos en forma de «paralepípedo».
    Hace unos días, en otro de tus magníficos artículos, te comentaba yo el papel de la clientela. Aquí ocurre algo parecido: Amazon y el resto de las plataformas virtuales, se apoderan del mercado porque los clientes queremos (y a veces nos ahorramos 1 € o 50 céntimos, mucho menos de lo que nos revertiría en forma de impuestos si compráramos en una librería convencional). Estas plataformas son como un «círculo de lectores»·, con más tecnología y más ofertas, pero sin la visita de un/a agente, a veces, vecino tuyo. Yo fui durante muchos años socio del «Círculo», pero nunca sustituyó a mis visitas a la desaparecida «Librería Paradiso», de Deusto, donde, como tu apuntas como solución futura, se organizaban actos y en todo momento había un sillón/sofá, para aquellos que querían leer allí mismo alguna de las cosas expuestas. Eroldi. en Algorta, Verdes, Arrilucea, Galería del libro… (cito éstas por haber desaparecido, pero había otras muchas), que cumplían una función social similar a las de los bares. La gente íbamos «de librerías» esperando encontrarte alguien conocido con quien compartir experiencias literarias o científicas sacadas de nuestras lecturas.
    Que una de esas librerías te considerara cliente, o visitante habitual, era un honor en muchos casos.
    Ser cliente de Amazon no tiene nada de honorífico, sino sólo algo ligado al consumo, que puede ser de libros, de alcachofas, de cascos inalámbricos, menaje de cocina o cepillos de dientes eléctricos…
    Un saludo.

  2. Predecir el futuro es «mucho complicao» que diría un navarro de la Ribera don Vicente. Antes se decía eso de «dentro de 100 años todos calvos». Pues ahora ni eso es verdad, con los trasplantes de pelo ya no sería calvo ni Yul Bryinner. Lo único seguro es que seguiremos pagando impuestos y la muerte.

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