Las ciudades (y sus sótanos)

Miendras apuro mi café con leche matutino ( sin azucar por si las moscas) leo en la prensa  que  el Festival de  música y teatro de Salzburgo está utilizando la figura del escritor Thomas Bernhard como reclamo. De hecho proliferan   hasta souvenirs con imágenes del mentado volviéndolo una marca comercial.

A quienes conozcan  algo de la obra de Bernhard, esta utilización les resultara sorprendente, pues  el escritor austriaco no realizó a lo largo de sus libros sino una  crítica feroz y descarnada de  la sociedad  de Salzburgo  hasta el punto de generar una repulsa pública y general- siguiendo por cierto la estela de Stefan Zweig  y abriendo paso a su colega Peter Handke.

Este triste destino, no tanto de la obra, como de la figura  de un escritor no puede comprenderse  salvo desde la perspectiva comercial que condiciona hoy más que nunca la literatura ( y acaso el arte…), perspectiva que puede permitir que hasta lo más irritante, inconoclasta y antisistémico, pueda venderse.

«Escribir no es sabio» , decía Roland Barthes en su célebre La preparación de la novela, pues es exhibirse, y exhibirse es  ya, a estas altura de la historieta, requerir una cotización.

Cierro el periódico. Termino mi café con leche- este último sorbo es el que más me gusta. No sé si publicaré estas líneas…

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