LAS PAELLAS ( y el «escondío»)

Ayer fue en mi pueblo cantábrico de verano día de paellas, una de esas tradiciones que manifiestan la multiculturalidad rampante, un poco como las castañuelas sorpresivas de la Procesión del Corpus de Oinati.

Las paellas, pues hubo dos, distinguiéndose el mar de la montaña, estaban riquísimas- gracias Santi -y antes y durante y después, hubo tertulia , mayormente relatando susedidos.

El mejor de los referidos, en atenta escucha activa, fue , a fe mía, el que llevaba por título «el escondío» – gracias Pablo – y el tal recordaba cómo un xelebre pelotari solía pedir entre tanto y tanto media botella de refresco que la cátedra y el público pensaban que era de agua, pero en realidad era de transparente ginebra, lo cual que otorgaba un inusitado ímpetu al infrascrito.

Hubo luego otros temas, en su sentido original de insistencias, y cómo no, se habló en conversaciones cruzadas, del calor meteorológico de hogaño y del frío social y económico que nos espera tras este «último verano»- es la décima vez que escucho esta apocalíptica expresión.

Y otro sí hubo momentos, entre gin-tonics rebajados, para la recordación de otros tiempos – ya casi todos talluditos ( y talluditas, of course) -en los que todavía había muestras de una economía de trueque – te cambio la cerradura y tú le das clase de mates a mi chavala- y tomar un café con alguien era un rito importante que requería su tiempo y su circunstancia, sin que el camarero de turno quisiera desalojarte para poner un temprano mantel de comida para la turistada: The times they are changing... que cantaba el Dylan, acaso en otro sentido.

Al final hubo foto de familia y ,aunque nadie lo dijo en alto,es de suponer que muchos ( y muchas, of course) pensaron aquello que decían los abuelos en los cumpleaños y los padres en las cenas navideñas : «¡Que el año que viene estemos todos!»

El rododendro

escondío…¡ La campa

acalorada!

( Gracias, Adelaida)

[Revised by Mtx.]

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