LOS DESAYUNOS DE LOS MARTES ( entre pelotazos y causas finales) –

Expulsión de los mercaderes del templo 
(Caravaggio, 1610)

Tiempo ha que no se reunía esta Junta( 1) .No han pasado años, como le acontecía al protagonista de La Educación sentimental de Flaubert, pero sí meses de astros y estros. Y , fiel a su tradición, la tal Junta Extraterritorial del Desayuno de los Martes se celebró ayer sábado en formato de cena a menú cerrado en la tantas veces glosada Cafetería Górliz.

Excusaron su asistencia: Itzi , de nuevo en un cursillo de ovo-lacto- vegetarianismo, esta vez en las Hurdes ;y Laura , desplazada de blonda por una boda de las de antes a Barcelona.

Sin oportunidad de pactar ningún Orden del Día, llegó Mikel impetuoso y gritón, hablando a trompicones de un tal pelotazo que la «Santa Madre Iglesia» (sic) estaba a punto de perpretar en un céntrico edificio al que , por lo visto, accedió primero por donación y luego trueque, y después en recalificación con anuencia de las fuerzas vivas de la city, y a la postre en constructivo negocio cuya resolución será una clínica privada y una escalada sede multidiocesana.

Por decisión mayoritaria se le dio de beber dos copas de Campillo, que tragó sin respirar, y calmose, o al menos, callose. Propuse yo, a la sazón y en mi condición de Secretario de esta nuestra Junta, observar el asunto con la sindéresis que recomendara el Gracián y di turno a las intervenciones entre picoteos de una maravillosa ensaladilla rusa ( de las llamadas «imperiales» en el franquismo.

Marta,nuestra filósofa , sugirió la posibilidad de aplicar en este caso el concepto de «causa final» del de Aquino , de manera que el gigantesco edificio proyectado operara como la tal en la sucesión de las acciones que no serían sino tímidas causas eficientes impulsadas por La Causa Eficiente, de la que la institución mentada tiene el monopolio teológico.

Su intervención no suscitó ningún comentario, pero se reclamó otra botella de «llegó» quevedesco de Rioja.

Patxi, con los ojos tan abiertos como un Paulo enardecido, vio en el antes encendido relato de Mikel la posibilidad de escribir un guión «muy, muy retorcido » ( sic) un poco a caballo entre Elio Petri y Ken Loach, y además, con posibilidades de éxito de público y crítica, ya que la S.M.I. ha de defenderse ahora más de las corrupciones del cuerpo que de las del alma.

No eludió el tema, como insistencia, Koldo, pues entre anchoa y anchoa – hubo pararlo mi ecuánime mano – consideró la voluminosidad del proyectado edificio en sus dos oblongas mutaciones y según las caricaturas expuestas al efecto, como «dos grandes testículos que se sumarán al gran pene erecto cuyo prepucio va a ser pronto visitable» ( sic) , dejándonos en un hito a los oyentes, y sin saber por qué, en este caso, habría vuelto a su psicoanálisis general básico.

«¡Eso es, eso es!» – retomó la palabra Koldo. » Porque hay que tener un par …¡ Si a la constructora le volarán por los aires dos o tres excavadoras…»!

En este punto, y ante la evidente regresión político-militar de nuestro contertulio, hice valer mi autoridad y se le suministraron otras dos copas de Campillo sin solución de continuidad.

A los postres, con la tranquilidad que nos había proporcionado una excelente tarta de manzana, vino finalmente a nosotros la paz y nos disolvimos plácidamente, renqueante cada mochuelo a su olivo.

De todo lo cual doy fe postridie Kalendas Iun. Anno DCCXVIII ad Bilbao urbe condita.

[ firma ilegible]

(1) Quienes no conozcan a los personajes de esta saga:

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