LOS PASEOS DE FEBRERO DE 2023

LOS DESAYUNOS DE LOS MARTES ( el «solo sí es sí» y los Premios Feroz)

La Junta Extraterritorial de los Desayunos de los Martes se ha reunido hoy jueves bajo los auspicios de la Candelaria y de la Marmota con ocasión de un vermú preparao ( trece horas y cinco minutos) y en la subsede oficial del Periflú.

Han asistido todos los miembros y miembras de dicha Junta , y se ha seguido más o menos un cierto ORDEN DEL DÍA:

1) Se ha aprobado el ACTA de la reunión anterior que ha debido ser corregida en algunos puntos debido a la condición peripatética en que se celebró la anterior tenida.

2) Nuestra jurista Amanda-lex-dura-sed-lex, aceituna en ristre, ha tomado la iniciativa proponiendo que se discutiera acerca de la tan traída y llevada ley del «solo sí es sí»: en su opinión ilustrada la mentada más bien debería acogerse al «no es no» ya que en tal formulación quedaría más clara y distinta sobre todo en casos de premeditación, nocturnidad y alevosía. Se ha aprobado la moción por unanimidad, si bien Marta ha añadido al efecto que se tengan en cuenta las matizaciones que lleva a cabo David Locke en su La ciencia como escritura , para evitar posteriores malentendidos.

3) Patxi ha mostrado su feroz indignación por los Premios Feroz- que antes no los conocía nadie y ahora tampoco, según el presentador de una edición anterior– apuntando que el ombliguismo del cine español es ya de tal grado que productores, actores, directores y críticos no cesan de descubrir mediterráneos donde en realidad » solo hay charcas malolientes» (sic). Como su exaltación ha ido pareja a los sucesivos martinis que más que tomar perpretaba, Koldo le ha suministrado 20 miligramos de alprazolam y nuestro realizador cinematográfico ha abandonado la vida consciente con una beatífica sonrisa y ha quedado acodado en un extremo duro de la mesa.

4) Itziar ha mostrado su sorpresa porque ha recibido una comunicación de Amazon indicando que a partir de ahora, y en su modalidad de Kindle unlimited , se va a poder leer la revista ¡HOLA! sin restricciones . Como la mención ha tenido un tono irónico – tipo » je, je»- , Laura se ha apresurado a alabar esta nueva disponibilidad, toda vez, ha dicho, que «así algunos ( y algunas) no tendrán que hojearla con cara de póquer ad extra y complejo de culpa ad intra» ( sic), lo cual que ha sido muy celebrado por Koldo, siempre a la caza del desocultamiento de verdades profundas (y ocultas of course).

5) Ni una palabra se había escuchado de Patxi, que había estado observando la tertulia con ceño fruncido y atención flotante. Por fin ha levantado la mano, se le ha concedido la palabra, y ha dicho con voz tronante : «Parece mentira que os dediquéis a comentar todas estas bobadas cuando continúa la guerra en Ucrania, sube de nuevo la inflación y el paro , y la crisis energética nos está colocando ante una lucha final…» El efecto ha sido inmediato. Todos ( excepto Patxi, por imposibilidad física pero acaso también metafísica ) nos hemos puesto en pie y , la mano derecha sobre el corazón,renunciando explícitamente a una última ronda – la cuarta- nos hemos apresurado a pedir varios cafés-toreros.

Y bebidos con premura militar los tales, la Junta se ha dado por finalizada en medio de un denso silencio, a las quince horas y cuarenta y siete minutos.

De todo lo cual doy fe ante diem III Non. Febr.Anno DCCXXIV ab Bilbao urbe condita.

[ firma ilegible]

LLOVIENDO PIEDRAS (sobre el estanque dorado de la cultura)

Ken Loach (1993)

El argumentario de la meritocracia que se articula en la idea de que se triunfa en función del talento independientemente del origen social ,queda en principio desmentido.

El siempre lúcido Ignacio Echevarría comentaba en su última columa de EL CULTURAL que, según un artículo publicado recientemente en The Guardian ,fudamentado en un estudio de la revista Sociology, «en Gran Bretaña, la proporción de músicos, escritores y artistas pertenecientes por origen a la clase trabajadora se ha reducido a la mitad desde la década de 1970».

Añadía a la siempre fría estadística – lo cuantitativo al respecto era una disminución del 16,4% al 7,9%- las dimensiones cualitativas de género y etnicidad que «agravan las desigualdades en el sector cultural». Finalizaba Echevarría afirmando que, en nuestros lares, una investigación similar probablemente obtendría resultados mucho menos halagueños.

O sea, que si se ha nacido en el mundo de la clase trabajadora- que haberla hayla a pesar de que ahora se pretenda difuminarla social y económicamente- y si a esta circunstancia se añade un perfil étnico minoritario y una condición de género no prevalente, las posibilidades de integrarse en el ámbito cultural son muy reducidas, por lo que el argumentario de la meritocracia , que se articula en la idea de que se triunfa en función del talento independientemente del origen social ,queda en principio desmentido.

Este artículo ,que refleja algo que no es estrictamente novedoso- ya decía Pierre Bourdieu en Las reglas del arte que en el caso del artista cuando no hay venta tiene que haber renta, – debería dar que pensar , y mucho, y desde diferentes puntos de vista.

Por supuesto, y en primer lugar, sobre la función disuasoria del estudio originario que puede tener una pragmática ralentizadora de la movilidad social , independientemente de dar cuenta de un estado de la cuestión: se trata de la conocida profecía autocumplida que apuntaba el sociólogo Robert K. Merton: «La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición falsa de la situación, que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva verdadera» (Teoría y estructuras sociales).

También sobre el imaginario de quienes se dedican o pretenden dedicarse al mundo de la creación en cualquiera de su manifestaciones, para que sean concientes de las limitaciones de su capital cultural – que puede incrementarse a pesar de su capital económico: aquí otra vez Bourdieu- para evitar descubrir mediterráneos tiempo ha ya colonizados – y comercializados.

Y, por fin, sobre la dimensión política, en sentido estricto, de todo lo anterior, para reordenar y actualizar algunos conceptos manidos y acaso insuficientes sobre los que se basan las estrategias culturales- algo sobre lo que ya reflexionó en su momento Agnes Heller y sobre lo que es muy recomendable la obra Manifiesto pospolítico , de Jorge Fernández Gonzalo.

Pero, aun así, una nueva piedra está echada en ese estanque dorado, tantas veces agitado, de la creación cultural. Y lloverán más piedras…

23-F ?(y tú ¿dónde estabas aquella tarde del)

Y tú , querido lector, querida lectora, mon semblable,  mon frère ¿ dónde estabas aquella tarde del 23 de febrero de 1981?

A lo largo de estos últimos años he dirigido varios talleres de escritura autobiográfica en diversas instituciones y asociaciones. Y en todos ellos, para comenzar, he utilizado como heur´ístico o disparador de la memoria una grabación de la entrada en el Congreso del teniente coronel Antonio Tejero y sus guardias civiles.

Lo he hecho siempre sin avisar, y , por supuesto, calculando la edad que podrían tener en aquel febrero de 1981 quienes estaban presentes. Luego, les pedía que escribieran algo breve al respecto, ya fuera testimonial – ¿ Dónde estaba aquella tarde? ¿Qué estaba haciendo? – o documental – ¿ Qué me han contado sobre aquella intentona golpista?

Una vez leidos los escritos, les proponía ubicar el 23 de febrero de aquel año como un punto de referencia autobiográfico común, de manera que pudieran hacer un cronograma de sus vidas según un antes y un después, dejando a cada uno y cada una la extensión cronológica que les pareciera oportuna.

La artimaña me ha resultado por lo general muy efectiva, toda vez, supongo, que para la mayoría de asistentes, los sucesos del 23 de febrero de 1981, han sido los únicos momentos en los que pudieron tener en mayor o menor grado una vivencia de la irrupción de lo discontinuo histórico en lo cotidiano, constituyéndose asimismo en una ocasión , en el sentido del kairós griego, para la construcción social de la memoria colectiva – y aquí habría que citar tanto a Berger y Luckmann y su La construcción social de la realidad, como al Maurice Halbwachs de La memoria colectiva.

Pues más allá de la indignación política ambivalente, de la adhesión o de la repulsa ideológica, de la investigación histórica sobre aquellos acontecimientos y de los intentos de conjurar con la imaginación literaria las lagunas de la documentación – Paul Veyne: ¿Como se escribe la historia– el numerónimo 23-F ha sido, es y será una marca subrayada en el devenir particular y colectivo de finales del siglo XX.

Y tú , querido lector, querida lectora, mon semblable,  mon frère ¿ dónde estabas aquella tarde del 23 de febrero de 1981?

ACTUALIDAD ( de la auto-ficción)

Quizá, todo este barullo solo se deba a cierta necesidad de «extimidad»  contemporánea , es decir, a la pasión de no guardar o disfrazar la intimidad, como hasta hace muy poco era de recibo, sino de mostrarla abiertamente en  la televisión y en las redes sociales.

La Actualidad se enhebra en muchas «actualidades». Aquí y ahora, por ejemplo, entre los avatares confusos de La Guerra de Ucrania y la sorprendente creatividad de la Inteligencia Artificial en su modalidad de Chat GPT, pasando por los retruécanos previos a las Elecciones de Mayo o la autocancelación goyesca del protagonismo de Telmo Irureta- ¿ por visibilizarse demasiado?

En el Campo Literario -Bourdieu ,P. Las Reglas del Arte. Génesis y estructura del campo literario– la actualidad aparece recientemente cosida a lo que se denomina Autoficción, Gran Descubrimiento de Público y Crítica y de más de un animal de pluma sin demasiada Cultura General Básica, toda vez que ha sido sancionada como género con el Premio Nobel de Literatura 2022 otorgado a Annie Ernaux.

Pero, como suele ocurrir frecuentemente en este un tanto inmundo mundo nuestro, la emergencia de La Autoficción no parece sino un nuevo guiño comercial que promueve una moda (Barthes, R. El sistema de la moda) , basada también, como casi siempre, en algo que se presenta como lo último de lo último cuando es «más viejo que la pana».

La palabra «autoficción» es un neologismo creado en 1977 por el crítico y escritor Serge Doubrovsky, para sancionar su propia obra y de paso reclasificar toda una serie de obras, acaso desde El Lazarillo de Tormes. Pero, ya se sabe, lo que no tiene nombre no existe, hasta que lo tiene.

Aun así resultan un tanto incomprensibles las apologías babeantes – a fuer de incultas- que, eso sí, están generando autoficciones sin par y volviendo un poco locas a las gentes teorizantes como Philippe Lejeune (El pacto autobiográfico y otros estudios ), ya que el nuevo género intergénero «propone un pacto novelesco al presentarse como un texto de ficción, y a su vez, un pacto autobiográfico en virtud de la identidad del autor en el narrador textual o el personaje de su obra» ( sic).

Y es que, quizá, todo este barullo solo se deba a cierta necesidad de «extimidad»  contemporánea (Sibila, P. M. La intimidad como espectáculo ) , es decir, a la pasión de no guardar o disfrazar la intimidad, como hasta hace muy poco era de recibo, sino de mostrarla abiertamente en  la televisión y en las redes sociales.

Any way, una vez más, si el resultado es un texto que permite emocionarse o reflexionar…Hace ya muchos años yo mismo escribí está recensión:

La creación del mundo , de Miguel Torga, es un largo relato de tono autobiográfico escrito entre 1937 y 1981. La obra está dividida en seis partes – correspondientes a los seis días de la creación del mundo- y en ella , aparentemente lejos de cualquier pretensión novelizadora, se van recogiendo diversos y sucesivos episodios de la infancia, la juventud y la madurez de un sosias del mismo Torga.

De que se trata de una obra de ficción y no de una autobiografía en sentido estricto, no hay la menor duda. Para ello no tenemos sino que cotejar algún episodio relatado en La Creación del mundo con las anotaciones coetáneas de sus Diarios. Haciéndolo nos percataremos enseguida de que Torga ha ficcionado muchas partes de su vida , modificando en el relato aquello que, por la razón que fuera, no encajaba bien en la línea narrativa que estaba desarrollando.

En cualquier caso, este fenómeno que tan claramente detectamos en Miguel Torga – y que podría extrapolarse , con la documentación adecuada, hasta el caso de un maestro de lo fantástico como Jorge Luis Borges – se abre a la observación porque contamos con un referente de la vida real de Torga que es su Diario. Sin dicho Diario, en efecto, sería imposible evaluar la ficcionalización que ha llevado a cabo.

Pero nuestro optimismo se puede venir abajo cuando comprobamos que el mentado Miguel Torga no existe en la vida real, sino que es el pseudónimo de un médico portugués llamado Adolfo Correia da Rocha.

Entonces la pregunta que nos podemos hacer es : ¿Quién ha escrito todo esto? Porque resulta que un tal Adolfo Correia da Rocha ha creado un personaje que es Miguel Torga que escribe un Diario que parece servir de referencia a un relato autobiográfico titulado La Creación del mundo… ¡ Ya nos hemos perdido!

La irrelevancia de la pregunta y de la respuesta se muestran en el limitado interés que despiertan salvo para críticos o historiadores de la literatura . Porque… ¡ Qué más da quién lo haya escrito ! Quien se acerca a un libro espera de él vida, descripción y reflexión, y le da igual quién lo haya escrito mientras el libro vibre entre sus manos y haga vibrar alguna parte de su cerebro y de su corazón…»

Pues eso, que diría Umbral.

SABATINA( entre Peter Handke y Pedro Salaberri)

Si algo tienen en común estos dos ya confesos maestros, es su apuesta por la imagen, por la imagen renovadora y desfibriladora de tantos conceptos colapsados.

Esta mañana soleada de invierno, mientras limpiaba unas cazuelas en la cocina , me han venido a la mente dos nombres dispares: Peter Handke y Pedro Salaberri, premio Nobel de Literatura en 2019 y Premio Príncipe de Viana 2022, respectivamente.

En un primer momento me he sorprendido, pero después , recordando que este tipo de cosas me suceden frecuentemente, tomando un café he ido hilvanando una sucesión de significados en relación a ambos nombres y también de ellos entre sí.

Pues , en efecto, mi vínculo – literario- con Peter Handke viene de lejos, de muy lejos, desde que en 1972 leí una entrevista en el TIME, en la que se le presentaba como formando parte de la vanguardia teatral europea. Pasaron los años y tras haber dedicado mi atención , por mor de la militancia, a diversos realismos socialistas, el descubrimiento de la tetralogía que inició con Lento regreso me abrió un nuevo camino, a caballo entre el ensayo y la narrativa.

Como ya era – y es – en mí habitual, me dediqué a estudiar toda su obra. Asimismo , por inciativa de Michael Roloff, estuve dirigiendo la sección latina de la página internacional sobre su trayectoria, polémica en algunos momentos. Fruto de aquella larga meditación, fue una serie de pequeños ensayos que se subsumieron posteriomente en la conferencia » Peter Handke: otros tiempos, otros espacios», en el Centro Arteleku ( San Sebastián) el 8 de julio de 1998 y que tuvo también su reflejo en euskera- «Peter Handke: intriga gabeko narraziorako idazkera berria (in Hegats, literatur aldizkaria, 35 z., 2004ko ekaina, 71-78 oo.).

Al día de hoy, no tengo ninguna duda de que mi propia escritura le debe mucho al modelo handkiano y esta condición se ha puesto de relieve en varias colaboraciones con el escritor venezolano Edgar Borges – por ejemplo en  «Sobre El hombre no mediático que leía a Peter Handke, de Edgar Borges.

Por otro lado, conocí a Pedro Salaberri a finales de 1975, con ocasión de la preparación de una exposición que se celebró en marzo del año siguiente en la Sala de Cultura de la Caja de Ahorros de Navarra, dirigida por Xabier Morrás. Todavía conservo el catálogo que además de una muestra gráfica , recogía una larga conversación sobre su vocación pictórica, sus fuentes de inspiración , la función de la crítica y otros aspectos de la vida artística.

El sentimiento de afinidad fue inmediato y desde aquellos días, mantuve, he mantenido, una larga relación, al principio alrededor de un té en el estudio de la calle Zapatería que compartía con Mariano Royo y después, afincado yo en Bilbao, en visitas y colaboraciones sucesivas.

Así, en 1985 ilustró espléndidamente mi libro de haikus Teoría del extraño movimiento, publicado por la editorial Pamiela en una coleción dirigida por Santiago Echandi y en la que también vieron la luz libros de poemas del novelista Jesús Ferrero y el aforista Ramón Eder.

Continué siguiendo su obra, cada vez más perfilada y atinada, y siempre que puede retomé el contacto colaborando en proyectos conjuntos, por ejemplo en la Revista cuatrimestral de humanidades biTARTE, dirigida por el también pamplonica , escritor y pintor, Javier Mina.

En 2015, Pedro volvió a ilustrar con gran acierto y delicadeza mi segundo libro de haikus – Breve ensayo de cartografía – y aquello fue motivo, un muy agradable motivo para el reencuentro.

De Salaberri me ha influenciado, y mucho, su mano para el dibujo y el color, su luz, y esa pasión lenta por la contemplación que he intentado formalizar- y hasta teorizar- en mis haikus y en las torpes acuarelas que me distraen de la omnipotencia de lo discursivo.

Y , en fin, si algo tienen en común estos dos ya confesos maestros, es su apuesta por la imagen, por la imagen renovadora y desfibriladora de tantos conceptos colapsados, tan estólidos- diría Hegel – que ya no sirven ni para un barrido ni para un un fregado… Peter Handke y Pedro Salaberri…

CUENTAS PENDIENTES ( de los bebés robados, por Cristina Gutiérrez Meurs)

El robo de bebés recién nacidos fue una de las formas de represión más sangrantes durante el franquismo.

Esta práctica silente y oculta, legitimada por el psiquiatra Antonio Vallejo Nájera desde un planteamiento eugenésico, comenzó con la segregación de las hijas e hijos de las mujeres presas en las cárceles franquistas y se extendió durante al menos seis décadas, hasta bien entrada la democracia, afectando a un número incalculable de mujeres.

Fue, según recientes investigaciones, una actividad coordinada entre las autoridades civiles y ciertas clínicas privadas y hospitales públicos que posteriormente se presentó como una operación que pretendía que los niños y niñas no se educaran en familias sin recursos suficientes, si bien se aplicaba fundamentalmente a aquellas de condición ideológica contraria al Régimen.

Un encuentro casual con una víctima del robo de bebés, llevó a Cristina Gutiérrez Meurs, artista y escritora afincada en Bilbao, a escribir su primera novela Lo que no me quisiste contar (2016).

Desde entonces su trabajo literario y plástico se ha centrado en esta cuestión tan sangrante, alternando diversas exposiciones con una segunda obra , Eva no fue la primera ( 2018) , una historia centrada en la violencia contra la mujer.

El Museo de Arte e Historia de Durango acoge hasta el 19 de marzo, una nueva muestra de Cristina Gutiérrez Meurs, EGITEKE DUGUNA- CUENTAS PENDIENTES,en la que se combinan delicados grabados, ingeniosas instalaciones y sugerentes textos sobre esta temática todavía pendiente de resolución jurídica y social.

JESÚS ARPAL (o la mirada del maestro)

Jesús Arpal Poblador, catedrático de Sociología de la UPV-EHU, favoreció la colaboración entre las Ciencias Sociales , las Humanidades, el Arte y la Literatura

Conocí a Jesús Arpal en las inolvidables jornadas de la «II Semana de Estudios Sexológicos de Euskadi » (1980). Por entonces ya era un investigador de referencia , sobre todo a raíz de la publicación de Una familia en un mundo tradicional. Los Garagarza de Elgoibar (1973) y de La sociedad tradicional en el País Vasco (1979) , obras en la que se adelantaba su visión plural e interdisciplinar de las Ciencias Sociales. La afinidad fue inmediata, participantes acaso de una misma hexis o disposición actitudinal que diría Pierre Bourdieu.

Poco después, ingresé como docente en el centro UNED-Bergara – una de las canteras de profesorado de la Universidad del País Vasco- Euskal Herriko Unibertsitatea – en cuya fundación Jesús había participado y en el que trabajaba su mujer Adelina Moya. Por su parte , él inició un periplo que le llevó desde la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de San Sebastián – en Zorroaga- hasta la de Ciencias Sociales y de la Comunicación de Lejona, en la que obtuvo la cátedra de Sociología. Entre tanto fue desplegando una serie de sugerentes investigaciones que se articularon en libros como Educación y sociedad en el País Vasco, en colaboración con Paulí Dávila y Begoña Asua (1982) o Las ciudades. Una visión histórica y sociológica (1983).

Más allá de colaboraciones puntuales, volvimos a coincidir en el Seminario de Sociología de la Cultura / Kultura Soziologiaren Mintegia  fundado en UNED-Bergara en 2001, y en la elaboración de mi tesis doctoral que con enorme paciencia aceptó dirigir: fueron años de largas discusiones en su despacho, en los pasillos de la Facultad, en bares y cafeterías, de intercambios casi compulsivos de textos una y otra vez corregidos y el descubrimiento, de su mano, de autores como Maurice Halbwachs que iban a cambiar radicalmente mi perspectiva acerca de la temporalidad en las Ciencias Sociales, oscuro objeto de mi deseo académico.

Se jubiló en 2005 , pero fiel a sus principios, en el 2017 abrió junto a Adelina una bilioteca popular y centro cultural en el municipio riojano de Sajazarra donde vivían.

Con ocasi´on de su jubilación, participé en varios homenajes que se le dedicaron y en uno de ellos leí las siguientes palabras : “Se echará en falta al maestro cuando ya no podamos seguir su mirada. Quedarán, desde luego, sus libros, los artículos desperdigados que  algunos discípulos encariñados intentarán recopilar, y también  el recuerdo de sus lecciones dentro y fuera del aula. Y quizás unas gafas o un pequeño cuaderno de notas. Pero no quedará su mirada.

Jesús Arpal se ha apagado, pero hoy me doy cuenta de que no se ha apagado su mirada, aquella mirada que  señalaba un paisaje o un paisanaje en el silencio de un viaje,  que apreciaba el color tostado de un vino nuevo o que  se aguzaba, concentrándose todavía más  en un texto cien veces leído. La mirada del maestro. La mirada que enseñaba, también, a mirar…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

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