LOS PASEOS DE MARZO DE 2024

CLARINES (no tan claros)

Ya no suenan los oscuros clarines ,ya el último trono ha desaparecido por una esquina acompañado de estandartes , nazarenos ( y nazarenas) y sus regueros de cera y de incienso, y ahora todo es «litros de alcohol corren por mis venas, mujer»

Pues es esta una ciudad de extremos metaforizados en un acto único de gastadores que caminan a 160 pasos por minuto y , como buenos novios de la muerte, pasean alzado y a pulso a un crucificado en su cruz entre admiraciones silenciosas.

Y otro sí, en el otro extremo de este país de Admunsen, ya suenan los claros clarines entre banderas de nuestros padres, acaso antes de tiempo, sin recordar que otras veces que tan alto sonaron, y según se dijo, fue tanta la presión que recibieron los jugadores de su equipo – que también es más que un club- que volvieron derrotados y para un buen rato y todo fue llanto y crujir de dientes entre riadas de severo kalimotxo.

A la vista de esto y aquello, dicen expertos socio-petardos que así vamos mal, muy mal – auskalo! – pero acaso convendría que antes de continuar en sus imprecaciones se vieran de nuevo el El planeta de los simios o se leyeran el Sapiens de Harari y aceptaran lo que hemos devenido, que en realidad no es muy diferente a lo que fuimos: hordas de monos ( y monas, of course) locos que a veces no están tan locos ( ni locas, of course, too).

Y otro tanto sería recomendable a tanto ( y tanta) tik-toker que se apuntan a la moda destroyer para conseguir divertidos likes ,sin atisbar en sus siempre descubiertos nuevos mediterráneos que siempre hay un oculto deus ex machina preparado para hacer el paseíllo, cualquier paseíllo.

Ansí que eso, unos clarines no tan claros, y aquí paz y después gloria…

Lo más sugerente viene a ser la previsión de poder caminar un largo rato sin prisa , haciendo las paradas oportunas para contemplar la profunda entrada a un palazzo renacentista , la fachada barroca de una iglesia o el escaparate cilíndrico y multicolor de un kiosko en una esquina.

Y mientras tanto, dejarse pasar por las sucesivas oleadas de turistas de atrás hacia adelante ,de adelante hacia atrás, por la izquierda o por la derecha, redefiniendo con habilidad circense la marcha.

Y caminar ,eso sí, lentamente, sin ningún espíritu deportivo, sino más bien adoptando aquel antiguo modo de «fare il signore» – ya sin bastón, of course– que comentaba Josep Pla, convirtiéndose en un flanêur ( ya también , alora, en una flanêuse) tal como lo dejó apuntado Louis Huart en su famosa Physiologie du flanêur.

Y hacerlo, por supuesto, sin menospreciar a quienes van dulcemente teledirigidos por su teléfonos móviles, nuevos apaños de los viejos mapas de papel, o a quienes hacen esas largas colas en los establecimientos de moda- pues también tienen derecho a sufrir y a hacer de su sufrimiento común un nutrimento de su identidad colectiva en estos tiempos tan documentada y documentable electrónicamente.

Y hacer un alto en ese lugar siempre visitado, año tras año, y en compañías muy diferentes…

( escrito en una servilleta del Antico Caffè Greco, de la via Condoni)

Una vez más, en el Taller de Escritura que coordino se ha producido un pequeño milagro, en esta ocasión de la mano de Valen Riaño y su revindicación del silencio:

«Siempre pienso en el silencio como el amigo fiel, guardando las confidencias, asintiendo en mi pesar, gozando en mi alegría. Él a mi lado, dispuesto a oír mis rezongas.

Comencé el camino en la reflexión, con la soledad a cuestas, dispuesto a padecer. El desierto en el horizonte, el silencio lleno, sin perturbación. Mis labios sellados, con miedo de estropear la partitura de la nada. El conmigo, yo con él, diciéndonos todo, sin guardarnos nada. Mi cerebro y el suyo eran uno. Ningún reproche, la aprobación necesaria, la crítica precisa.

Los días pasaban, y seguía a mi lado, ayudándome en la reconciliación. La arena murmuraba, él a mi lado, como escudero fiel. El viento ululó, haciéndolo huir intimidado por el ruido. No le gusta molestar, ni ser molestado. La calma regresó, me miro de frente y volvió a callar.

¡Qué importante es tenerte cerca! – exclamé en la satisfacción. Mis palabras revoloteaban en el interior, sabedor de su amistad. No preguntas y si lo haces, pareces ausente, pero estás ahí. Te alejas y vuelves. La disertación, sin ti, se hace intrascendente, pero contigo inventa el buen hacer.

Hace poco oí una ocurrencia, en los labios de un erudito, reclamándote en la sabiduría de los idiomas. Compartirte en inglés, francés, español, en cualquier trance, merece tu consideración, revela tu importancia, y ayuda a disfrutarte. Pero en la monotonía del “unilinguismo”, también resplandeces por tus virtudes.

En el enigma de tu presencia, me revuelvo por tu indiferencia. Te has fajado en los eventos más dolorosos, huyendo de la protesta vociferante, dando el boicot a los insultos.

Hoy más que nunca te revindico, en la necesidad de hacerte más presente. En el sacrificio de tu valor infinito.

Y en el silencio callo mi ocurrencia«.

He ido a ver la versión remasterizada de Stop Making Sense, el documental musical sobre varios conciertos del grupo Talking Heads, rodado en 1984 durante 3 noches y con 7 cámaras por Jonathan Demme y considerado uno de los mejores conciertos jamás filmado.

En aquellos años 80, la banda, compuesta por David Byrne (voz principal, guitarra), Chris Frantz (batería), Tina Weymouth (bajo) y Jerry Harrison (teclados, guitarra)  marcó un antes y un después en el devenir del rock combinando elementos del punk  y del   funk.

También en nuestros lares pudo percibirse su influencia, por ejemplo en la escisión de los recién creados Hertzainak que protagonizó Xabier Montoia ( con Kaki Arkarazo) y su grupo M-ak que hasta 1991 dio cuenta de las nuevas corrientes musicales que vertebrarían en paralelo el Rock Radikal Vasco rompiendo con la tradición nostálgica e intimista anterior.

La música del documental me ha devuelto a una etapa de mi vida muy vinculada sentimentalmente a la capital alavesa cuando , en plena Transición, parecía que la cultura vasca se estaba abriendo a las vanguardias siguiendo la senda de la pintura y la escultura.

Y he recordado a gentes como Montoia – el Gamma, si no recuerdo mal- que tras el protagonismo que le tocó desempeñar por motivos profesionales- era quien apuntaba musicalmente a una entonces recien nacida ETB- ha alternado su carrera musical en solitario con una larga dedicación a la creación literaria, desde Anfetamiña ( Susa 1983)hasta Hiriak eta urteak ( Pamiela, 2023)…

Se presentó ayer en la sede vizcaína del COAVN la nueva edición de Juan Daniel Fullaondo.Escritos críticos, editada a cargo de la profesora María Teresa Muñoz, participando en el acto el arquitecto Carles Muro y el crítico de arte Peio Aguirre.

Como destacó la editora, este volumen podría inscribirse en una tetralogía en la que no faltaría una recopilación de los escritos sobre Bilbao de este arquitecto singular – como ha recordado recientemente el historiador del arte Javier González de Durana – , hombre de amplia y variada cultura que, además, fue el alma de la revista NUEVA FORMA( 1967- 1975), marcando un hito informativo sobre este arte que articula los espacios.

La obra presenta un conjunto de textos sumamente sugerentes combinando registros del gremio con otros plásticos, filosóficos o literarios.

Y a mí, sin duda debido a la deformación que padezco como «sociólogo -( del espacio) -en excedencia», me ha interesado sobre todo el capítulo titulado «Panorama y paisaje» que, creo, debería ser de obligada lectura para quienes ,de modo privado o bajo el amparo institucional, toman parte en la reordenación del espacio público, sea configurando plazas, parques o jardines, pues en mucho casos el «espacio arquitectónico» ( que diría Pierre Bourdieu) funciona tan algorítmicamente como «el sistema de la moda» ( que mentaría Roland Barthes), como ha puesto de manifiesto colateralmente el cineasta Felix Viscarret en su divertida y a la vez delicada Una vida no tan simple.

Pero la reedición de este libro ya es,como tal, algo muy de agradecer en estos tiempos de tanto alboroto y tan poca reflexión…

La semana que viene me toca hablar de La última vuelta del camino, la larga autobiografía entreverada de Pío Baroja, en el curso sobre Memorias y Autobiografías que vengo desarrollando en las aulas de ACAEX-EGIKE de la UPV.

Revolviendo papeles y fichas – de papel, de las de antes- he encontrado un apunte que dice: «En la segunda parte de La ciudad de la niebla ( 1909), Pío Baroja sorprende a sus lectoras y lectores con unas reflexiones acerca del libro que están leyendo, para terminar anunciando que ha decidido “tomar la pluma de su heroína” y convertir lo que era un relato en primera persona en otro, escrito desde la tercera persona. Parece así que Baroja se hiciera eco de las teorías del formalista ruso Viktor Schkolovsky, quien pretendía que, con técnicas similares, se conseguía el efecto de extrañamiento ( ostranenie), una de las claves para la supuesta renovación de la literatura contemporánea. La cronología desmiente esta posible influencia , pues las teorías de Schkolovsky son una década posteriores a la redacción de la novela mencionada, pero, en cualquier caso, con el ejemplo apuntado, queda un tanto en entredicho el cacareado carácter decimonónico de la narrativa barojiana».

Creo que ya usé esta reflexión en un artículo anterior hace una veintena de años, pero, una vez más, y más allá de sus derivas anti-todo (antisemitas, antiparlamentarias, antidemocráticas o anticomunistas) fruto probablemente un pesimismo histórico bien fundado en Nietzsche y Schopenhauer, su figura continúa pasando desapercibida , salvo para algunos atentos lectores como es el caso de Miguel Sánchez-Ostiz que no hace mucho nos regaló Pío Baroja, a escena: Una biografía a contrapelo , en la que se recogen los fundamentos del colosal fresco barojiano dando cuenta, además, de la potencia de su escritura.

Una potencia que le hizo hacer lo que después inspiró a otros ( por ejemplo, a Hemingway) y que se cimentaba en comenzar a escribir por donde le viniera en gana, terminar de la misma manera , cambiar sin previo aviso el punto de vista, e incluir, ad libitum, diálogos intensos o descripciones varias de paisajes y paisanajes.

Algunos han visto en este hacer una indolencia y desaliño que le impidió llegar a ser un Proust o un Joyce , pero, todavía hoy, en tantos ámbitos en los que la escritura se mantiene ligada a las normas rígidas de la literatura sancionada por parte de la crítica y el profesorado , resulta para algunos irritante la obra de este vasco-madrileño que quiso ser un escritor sin veleidades literarias.

Quizá por eso, casi nadie se acuerda de él , y menos aún quienes “ a fuerza de leer y no vivir, han perdido la noción de la realidad” ( La vida es ansí, 1912) y desean hacer de la vida literaria la vida misma, a pesar de que, en el fondo de sus corazones, no le perdonan al primer solterón de Itzea que , en su momento, vendiera más ejemplares que quienes hoy encabezan esas famosas listas de los libros «más vendidos»….

De vez en cuando llega al Taller de Escritura que coordino un texto que me deja sorprendido por su delicada sensibilidad. Es el caso del que viene a continuación, una breve pero intensa crónica sobre una parada de autobús , sutil escenario para la duración ajena al tiempo del reloj ,y firmada por Maite Moñux:

DIEZ MINUTOS

Día desapacible de frío, lluvia y viento, casi un completo de mal tiempo. Había sido un aperitivo largo de domingo. En la parada del autobús que me acercaría a mi refugio, no había nadie más – ¿Quién iba a estar en la calle a esas horas, con la fuerte borrasca? – . Las personas sensatas estaban resguardadas en sus casas. Pero yo permanecía allí, bajo la marquesina. La pantalla de información anunciaba diez minutos de espera.

De pronto me fijé en el alcorque que estaba al lado, todo un mundo cabía dentro de él. Las trombas continuas de agua lo habían anegado formando un pequeño mar. Los restos de colillas de colores flotaban como embarcaciones que eran movidas por las olas provocadas por la ventolera. Envolturas de chicles parecían barcos a la deriva y el residuo de una fruta ,quizá roída por un chucho, se mantenía a flote como un gran trasatlántico. Alguna semilla ,arrastrada por el aire, había hecho que brotara una extraña vegetación simulando un bosque de diminutos helechos que cubría casi la mitad de la superficie. En medio de aquella selva y océano embravecido, una perla blanca ponía el contrapunto. Acaso se había desprendido de un pendiente, en el fuerte abrazo de despedida de una pareja de adolescentes, antes de que ella se subiera al vehículo y dijera adiós con la mano.

Levanté la vista del suelo y observé que el color rojo del transporte urbano asomaba por la esquina. -¡Qué pronto!-, dije en voz alta. A mi lado, protegidas bajo la cubierta, descubrí a cuatro personas...

Levantarse del sofá y apagar el televisor o dejar de lado las redes sociales exige hoy más esfuerzo que romper las ataduras de la caverna de Platón y ascender penosamente hasta la salida.

Ahora que estamos en ese periodo que se suele tildar de pre-electoral y de diferentes y escaladas elecciones, resulta difícil escuchar a un candidado ( o candidata, of course) sin oír una frase en la que, más allá de numerosas esdrújulas forzadas, no aparezca la palabra ilusionante. Así, líderes ( y lideresas) de diferentes pelajes nos hablan de «proyecto ilusionante», «cambio ilusionante», «etapa (o fase) ilusionante» y otros tantos sintagmas nominales de ciertas pretensiones sonantes.

Curiosamente, este adjetivo no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española, pero sí ilusión, una de cuyas cuatro acepciones indica lo siguiente: «Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo».Otra de las acepciones torna el sentido y señala que la ilusión es una «viva complacencia en una persona, una cosa o una tarea».Otra más apunta a un registro retórico de «ironía viva y picante».

Pero la acepción principal es muy contundente, pues resuelve que la ilusión es el «concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos».

O sea, que, cuando alguien nos habla de algo ilusionante, intenta inocularnos un rayo de esperanza autocomplaciente que no tiene mucho que ver con la realidad y que supone una ironía inconsciente. Osease, y en cristiano, que nos quiere engañar, quizá sin darse muy bien cuenta.¡Vaya!

Este tema de la ilusión es viejo, muy viejo. Ya aparecía en la República de Platón, en el libro VII (lectura recomendada), cuando por medio del Mito de la Caverna nos anunciaba el futuro advenimiento de esa potente generadora de ilusiones que es la televisión.

También el amigo Freud, en El porvenir de una ilusión (lectura recomendada) y relacionándola con el deseo, nos decía que la ilusión es «una creencia cuando aparece engendrada por el impulso a la satisfacción de un deseo, prescindiendo de su relación con la realidad».

Entre el idealista Platón y el psicoanalista Freud, las ilusiones continúan desfilando frente a nosotros sin prisa pero sin pausa. Levantarse del sofá y apagar el televisor o dejar de lado las redes sociales exige hoy más esfuerzo que romper las ataduras de la caverna de Platón y ascender penosamente hasta la salida. Y acaso es así porque las ilusiones parecen satisfacer nuestros deseos, aunque lo hagan de un modo narcisista, es decir, buscando más un deseo de satisfacción que la satisfacción de un deseo.

Incluso los más rigurosos escépticos no fruncen mucho el ceño ante las «ilusiones de todos los días» porque, como dijo Josep Pla, «som uns conformistes d´ adhesió incompleta»(así, en catalán, para quienes lo hablan en la intimidad)…

Dar la cara sería muy recomendable, sobre todo en estos momentos pre-electorales cruzados – y otro sí crucificados- por esos casos de corrupción de algunos partidos políticos que más bien parecen haber operado como caciques orgánicos y que generan una desconfianza general básica hacia el mundo de la gestión pública.

Como ya he comentado en ocasiones anteriores, justo delante del chaflán de mi casa se está vaciando una gran parcela para construir contra viento y marea un enorme edificio que ha sido , es, y supongo que será, motivo de judicialización y de rechazo vecinal.

La parcela está rodeada por una valla metálica de mediana altura sobre la que se desarrolla una gran actividad diurna y nocturna :cada cierto tiempo aparece una gran pintada en la que se puede leer : «QUIEREN GRIS- QUEREMOS VERDE» junto con otra que dice «PELOTAZO OBISPAL ILEGAL»,aludiendo al santificado propietario del terreno.

Estas dos pintadas son tan sistemáticamente ejecutadas como rápidamente borradas por los eficaces servicios de limpieza del Ayuntamiento – aunque últimamente ya solo borran el «OBISPAL ILEGAL» de la segunda, acaso por hastío o…¿ por economía?- pero la valla se ha convertido en objeto de deseo de las empresas ad hoc que pegan sin solución de continuidad todo tipo de carteles publicitarios – ahora alternan los de Los 10 tenores con AC /DC WT Tour ,componiendo singulares collages multicolores aunque un tanto horteras.

Pues bien, estos últimos cartelillos – algunos verdaderos cartelazos – permanecen en la valla hasta que con las inclemencias del tiempo se despegan a trozos cayendo sobre la acera y un supuesto espacio de juego escolar, animando el cotarro de los más pequeños, sobre todo de aquellos más proclives a ver pelotas de balonpié en cualquier amontonamiento insólito.

No hace falta demostrar una gran agudeza política para comprender las acciones y omisiones de estos servicios de limpieza pero sí sería interesante escuchar el argumentario de quienes tienen el mando en plaza ya que a fin de cuentas son los que ordenan y desordenan esta algorítmica alternancia, porque si se considera que la valla-en-cuanto-que-valla es un soporte válido para hacer publicidad de cualquier cosa- de verdad ¡ de cualquier cosa!- ¿por qué no puede ser humilde y elemental bastidor para una reivindicación vecinal que además se expresa tan reiterativamente?

Dar la cara sería muy recomendable, sobre todo en estos momentos pre-electorales cruzados – y otro sí crucificados- por esos casos de corrupción de algunos partidos políticos que más bien parecen haber operado como caciques orgánicos y que generan una desconfianza general básica hacia el mundo de la gestión pública.

Y es que hay que tener cara para no dar la cara…!PELOTAZO! ¡Ah la pintada guadiana!

Vuelvo en el tren tras un viaje rápido a Salamanca. El jueves estaba invitado en una Escuela de Escritura para hablar sobre ficción y auto-ficción y, de paso , presentar ( more Umbralis) mi ensayo El hilo de Ariadna (Nuevas aproximaciones a la razón narrativa).

Como durante este cuatrimestre estoy desarrollando un curso sobre Memorias y Autobiografías, en las Aulas de EGIKE de la EHU/UPV, y la semana que viene tocaba charlar sobre Stendhal, se me ocurrió contraponer Recuerdos de Egotismo y Vida de Henry Brulard.

De la contraposición entre la crónica torpe que supone Recuerdos y la fina elaboración de la segunda, ambas escritas en primera persona, surgió inmediatamente un interesante debate que se remontó hasta El Lazarillo de Tormes difuminándose progresivamente la frontera entre la ficción y la auto-ficción, e incluso disolviendo el ensayo , aparentemente tan diferente, en el mundo de la ficción- esta es, por cierto y con sus matices, una de las tésis de mi obrilla.

Y así saltó por los aires el voluntarismo inocente de Philippe Lejeune y su «pacto autobiográfico» que iguala verosimilitud a verdad, y también se puso en evidencia el oportunismo comercial de Serge Doubrovsky y su propuesta de «autoficción», por mucho que ya haya sido sancionada por el Premio Nobel de Literatura.

Recuperada la escritura como tal, independientemente del género adjudicable, la tenida dio un giro radical y, como casi siempre, derivó hacia el mundo editorial, causa final que suele abducir a los (y las) lletraferits.

Me salvó de la inoportunidad mi colega y director de la Escuela de Escritura – ¡ gracias y muchas, Carlos!- que indicó al respecto que una próxima sesión se dedicaría a la película Las ilusiones perdidas de Xavier Giannoli, basada en la obra del mismo título de Honoré de Balzac, pues «en el film se muestra de manera clara y distinta el mundo literario que le tocó vivir a Balzac tan atravesado por intereses comerciales, ideológicos y políticos que quizás no hayan cambiado tanto».

Un colega barbado y algo añoso sacó a relucir al respecto Las reglas del arte Génesis y estructura del campo literario de Pierre Bourdieu, pero algún bostezo combinado con varias miradas discretas al reloj que presidía el aula, dió a entender que la sesión ya tocaba a su fin …

Bueno ,voy a dormir un poco acunándome en el traqueteo del vagón…Pero, en fin , como también decía Stendhal en el Henry Brulard , «en realidad, yo no estuve en Wagram»

(c) by Vicente Huici Urmeneta

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