LOS SERVICIOS PÚBLICOS ( y el iliberalismo)

Privatizado o no, un servicio público es un servicio público y su último responsable es la institución correspondiente.

Ya va para largo la huelga del servicio de Bilbobus que ha adoptado formas diversas según las sucesivas decisiones de sus trabajadores y trabajadoras, de los sindicatos y de la administración municipal.

El resultado está siendo una grave alteración del ritmo cotidiano ciudadano que se enfrenta cada día a un algoritmo imprevisto, generando desasosiego cuando no un manifiesto enfado ante la impotencia para poder hacer algo que favorezca la solución del conflicto.

Quizás en otros tiempos este malestar se hubiera manifestado pública y colectivamente – ha habido algún atisbo de ello- pero en los que nos toca vivir la desarticulación social tan solo está favoreciendo un sentimiento de desconfianza general básica respecto de los actores implicados.

Lo más triste, y acaso peligroso, de esta desconfianza es que se polariza hacia quienes tienen el mando en plaza, cuya capacidad para intervenir se muestra una y otra vez inútil y que además cuenta con la excusa mayor de que se trata de un servicio que ya no depende de la autoridad municipal sino de la empresa adjudicataria.

Y aquí radica el meollo de la cuestión, pues privatizado o no, un servicio público es un servicio público y su último responsable es la institución correspondiente que , de paso, debería reflexionar hacia dónde le lleva esta tendencia administrativa.

En cualquier caso ,si la institución correspondiente no es capaz de asumir su responsabilidad se vuelve irresponsable ante la ciudadanía y contribuye a su propio descrédito abonando el descrédito de la gestión política en general y abriendo camino a ese fenómeno que luego temen tantos políticos demócratas como es el iliberalismo.

Pues el iliberalismo es esa corriente política, punta de lanza del neoliberalismo, que aprovecha todas las mínimas frustraciones individuales para generar un caldo de cultivo colectivo autoritario y antidemocrático que ya viene creciendo en diversas partes del mundo, articulándose en la nueva extrema derecha.

Por lo tanto, y mal que les pese a los y las responsables institucionales de este y otros conflictos semejantes, abteniéndose de intervenir más allá de actualizar aquello de «pekatuan penitentzia» están diluyendo acaso inconscientemente el suelo sobre el que se asienta la legitimidad democrática de su autoridad y favoreciendo el crecimiento del huevo de la serpiente…

(c) by Vicente Huici Urmeneta

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