Neo-frikismo digital

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Como si fuera surfeando, voy de pie en el vagón del tranvía que me lleva al Palacio Euskalduna. Me han invitado a un encuentro sobre medios digitales y acudo por imperativo moral y porque llevo en el tema unos cuantos años.

Delante de mi dos niños gemelos que no creo que lleguen a los dos años -uno todavía lleva chupete – miran fascinados la pantalla del móvil que les ha dejado su madre.

Llego cuando el acto está punto de comenzar. Tras las presentaciones, se celebra una mesa redonda muy bien coordinada que me resulta interesante por lo ágil y precisa, pero que no parece ser muy seguida por el público que me rodea. A mi izquierda y a mi derecha, por delante y por detrás, el personal no para de toquetear sus smarfones, a uno incluso hasta le suena una de esas musiquillas horteras. Si les preguntaran , supongo que dirían que también están al loro de lo que se está diciendo, pero ya sabemos por la neuropsicología que la atención no se puede focalizar en dos estímulos a la vez sino tan solo sucesiva aunque rápidamente.

Aparece a continuación el conferenciante-estrella que se mueve con soltura verbal y postural.Es divertido aunque a veces utiliza un humor un tanto grueso, pero hace reír y la gente se ríe, en ocasiones a carcajadas.Es un hombre de éxito que se reconoce una y otra vez como friki.

Es este un palabro que ha ido cambiando de significado en los últimos cien años. Así , en un principio tenía una denotación de monstruosidad:el film Freaks, dirigido por Tod Browning en 1932 – titulada La parada de los monstruos en el mundo hispano- articulaba la historia de un circo ambulante cuyos artistas eran personas como mujeres barbudas, hombres-elefantes, enanos o tullidos, es decir, gentes anormales, extrañas o marginales.Más tarde, en una segunda etapa, tras su reivindicación por músicos y artistas – como por ejemplo Frank Zappa-, adquirió un nuevo significado, presentándose como la cualidad de alguien transgresor de las normas sociales. Ahora, por lo visto aquí y en tantos programas de televisión y en tantas campañas publicitarias, lo friki se habría vuelto compañero de viaje del marketing. Algo así como un a modo de neo-frikismo  comercializado y comercializante.Y en este caso digital.

He de volver a casa y me voy antes de que finalice el acto. Llueve sin parar,pero decidido caminar un rato por el paseo de Abandoibarra. Cientos de pantallitas brillan en la noche. Decía Baltasar Gracián, «antes loco con todos que sabio a solas». Ahora quizás diría «antes Friki con todos que Pepito Grillo a la intemperie». Pero yo , en un impulso vesánico, cierro el paraguas y dejo que la lluvia pertinaz me golpee la cara.

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