NEW YORK: COME BACK

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En Lento regreso, la mejor obra, en mi opinion, del escritor austriaco Peter Handke,  se narran las cuitas de su protagonista ,Sorger, ante la perspectiva de volver  desde las inmensidades sorprendentes de la naturaleza de América del Norte a su tierra natal en la mensurable y un poco aburrida Europa.

Nosotros también volvemos pero va a ser un regreso rápido, bien sazonado de controles policiales, registros de maletas y hasta el merodeo de un perro enloquecido anti-droga.Volvemos porque hemos ido. Y hemos ido a Nueva York. Viajar a Nueva York está de moda entre los europeos, un poco como para los americanos pudientes estaba de moda  visitar Roma o Paris en el siglo pasado ( no hay más que leer a Edith Wharton, John Dos Passos o Ernest Hemingway.  En realidad, los europeos, si nos atenemos a algunos testimonios tan diversos como Julio Camba o Paul Morand, no han hecho gran aprecio de esta ciudad. Pero la moda es la moda y siempre  queda la duda de si la Gran Manzana merece una visita.

Desde luego, si se es amante de las tradiciones historiadas no merece mucho la pena. No se puede encontrar, por hablar de Roma o Paris, ninguna plaza similar a la Piazza Navona , ninguna fuente análoga a la Fontana de Trevi, ningún jardín como los de Versalles ni  ningún museo como Le Louvre. Se podría argumentar que  es el gigantismo  a veces desmedido lo que hace esta ciudad tan sorprendente, pero, por ejemplo, para quien haya visitado Beijing la comparación  se desvanece.

¿Qué hace pues atractiva esta ciudad?Probablemente lo que hace, en general, atractivo Estados Unidos de América y que es esa sensación de inmensidad, de incomensurabilidad, que comparte el skyline neoyorkino con , por ejemplo, la » madre de todas las bombas » ( no nucleares, se especifica) lanzada hace  apenas unos días en Afganistán. Una sensación de inmensidad que sólo es tal, pues la supuesta inmedible falocracia de los rascacielos y los puentes es bien medible  empíricamente.

Ya comenté que  dicha sensación nos encamina hacia lo sublime kantiano que, al cabo, resulta aterrador, como aterradores resultan, según leo en The New Yorker,los tweet de Trump. Y contra más escuetos más aterradores.

También en Europa, al calor de eso que se ha venido en llamar la post-verdad- que no es sino una variante post-moderna de la moderna mentira-, nos vamos encaminando hacia lo sublime en casi todo, convirtiendo los paseos en marchas y las marchas en footing o deviniendo la tradicional picaresca que tan sólo servía para sobrevivir con gracejo en corrupción big size.

En fin,que volvemos .Esperemos que a la Europa de siempre. A la de lo bello aunque sea un poco aburrido y sin supermanes justicieros cruzando los cielos armados hasta las cartolas.

 

 

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