The new soylent green

 

El amigo Patxi, ya conocido  en estas crónicas ciudadanas, me recomendó el otro día encendidamente que volviera a  ver  Cuando el destino nos alcance, una película de Richard Fleischer, de 1973, porque , según él, «el destino ya nos ha alcanzado».

Como yo tengo la mayor parte de mi disco duro grabado en los setenta ( sigo escuchando en la intimidad a Deed Purple) y cualquier sugerencia  sobre esa década me resulta siempre estimulante, la he vuelto a ver y he comprobado efectivamente que lo que allí se planteaba ( la existencia de un único alimento – el soylent green– fabricado para toda la humanidad conocida con los cadáveres de toda la humanidad desconocida, arrasados  campos y animales y  resecos los océanos) tiene en la actualidad un indudable valor metafórico.

Y si la metáfora de la caverna de Platón ( ver en la wikipedia si no suena) nos llevaría hoy a la televisión, la del soylent green nos coloca frente a smartfones y tablets por activa y por pasiva. Por activa, porque media humanidad los puede usar a costa de la explotación ( laboral) de la otra media – y el cálculo  es aproximado- y por pasiva, porque nos alimenta con el mejor alimento que es la representación de la realidad que más nos conviene y cuando nos conviene, evitando feed-backs inconvenientes o reciclándolos en motivo de  juego.

En una de las escenas finales de la película el malo-malísimo Edward G. Robinson, reconvertido en  el entrañable anciano Sol Roth, asume con normalidad su eutanasia en una habitación multimedia en  la que a los sones de música barroca, se proyectan imágenes de las montañas, los mares y los campos tal y como él los conoció en su infancia.

Quizá para algunos y algunas tan sólo quedan ya imágenes  y sonidos pregrabados y ni  por asomo se les ocurre que son representaciones (interesadas).Y luego, de pronto , un día se sorprenden ,como algunos niños, de que haya burros y vacas más allá de las pantallas.

(Escrito en una servilleta del Residence, mientras me tomaba un negroni perfecto –  que sólo tomo, dada mi edad, en ocasiones especiales)

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