TIEMPOS ELECTORALES ( o ¿para qué correr tanto?)

«Los que ejercen la autoridad intentan justificar su dominio sobre las instituciones vinculándolo, como si fuera una consecuencia inevitable, con los símbolos morales en que generalmente se cree, con los emblemas sagrados, con las fórmulas legales»

Este párrafo, tomado de La imaginación sociológica del norteaméricano Charles Wright Mills, está escrito a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, en plena guerra fría entre los Estados Unidos de América y la Unión Soviética y durante un periodo de expansión económica y de lucha social por el reconocimiento de los derechos de los afroamericanos.

Aún así, a pesar de la distancia temporal, el mensaje de fondo de estas palabras puede ser motivo de reflexión, y tanto más cuando, a pesar de la pandemia del COVID-19 que ha puesto casi todo patas arriba, hay una pretensión generalizada de volver lo más rápidamente posible a la normalidad anterior.

Una normalidad de reconstrucción de una nueva guerra fría, en esta ocasión entre Estados Unidos de América y la República Popular China – ante la que la Unión Europea permanecía, por cierto, en silencio a la expectativa-; una normalidad de supuesta recuperación económica tras la crisis de 2008 con un nuevo boom inmobiliario y turístico, sin tener en cuenta el calentamiento global; y , por fin, una renovación de la lucha de algunos colectivos claramente desfavorecidos, como es el caso de las mujeres ( y sobre todo trabajadoras).

De que hay algo de extraño e inadecuado en este deseo (político) inmoderado de volver a aquella normalidad desbaratada por la expansión del virus, es una buena muestra la denominación de «Nueva Normalidad» con que se ha bautizado el momento histórico al que se aspira alcanzar cuanto antes.

Y mientras tanto, y en medio de todo tipo de precipitaciones sanitarias, sociales,laborales, económicas , deportivas y culturales ,quienes ejercen la autoridad, por supuesto legítimamente, no cesan de justificar sus acciones y sus omisiones institucionales como naturalmente vinculadas a un supuesto sentido común que, como se sabe ,es el menos común de los sentidos…No hay más que constatar el uso aleatorio de las mascarillas, a pesar de las infumables llamadas a la «responsabilidad individual».

¿Será acaso que las propuestas de solidaridad atemperada, de discusión sosegada, de tiempo, en fin , para meditar sobre las consecuencias de esta crisis, chocan de frente con la necesidad de aprovechar la plusvalía política generada en la gestión de la pandemia, en vez de nutrir, también económicamente al modo keynesiano, la espera? ¿ Para qué, en fin, correr tanto?

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