VENTAJAS DE LEER UN CLÁSICO UN DOMINGO POR LA TARDE

Resultado de imagen de Henry James la lección del maestro

Una vieja amiga decía que un domingo por la tarde sólo se podían hacer dos cosas y que a ella no le gustaba jugar a las cartas. A mí sí me gusta y sobre todo al chinchón, en el que me hice un experto  moderado con mi abuelo Vicente.

Sin embargo, y si el tempero es propicio, prefiero apagar el televisor, poner el smartfone en modo avión, coger de mi biblioteca un clásico y sumergirme en su lectura durante unas cuantas horas. Hacer esto no me resulta muy difícil pues tengo por costumbre leer tan sólo  obras de escritores o escritoras ya desaparecidos, sin importarme mucho si murieron en el siglo XX o en el XIX- que es generalmente hasta donde alcanza mi abanico. [Aún así también  suelo leer los libros de mis amigos y amigas ( vivos) y lo que ellos me recomiendan. Pero nada más.]

Leer un clásico  tiene sus ventajas, pues  permite que la obra en cuestión se manifieste en toda su potencialidad, ya que, de alguna manera, se encuentra  des-historizada ( aunque se pueda historiar) y resulta ajena a las modas o a las intenciones.

Esto último es aún más evidente cuando se trata de un  clásico  de narrativa y la época en que se escribió no conocía el cine o la televisión por lo que  era necesario presentarlo todo con la fuerza exclusiva de las palabras.

Ahora que, por ejemplo, me estoy dedicando a dar un repaso a  la literatura norteamericana de finales del siglo XIX – más adelante se verá porqué- , recomendaría para esta tarde el poderío psicológico de Henry James en  Washington Square o a su deliciosa ironía en La lección del Maestro, novelas en las que Nueva York o Londres desaparecen , como hasta cierto punto desparecen también  los personajes,  para sumarse a una acción que es a la vez narrativa y reflexiva.

Leyendo algo así se puede recuperar aquello que antes se llamaba «la fe en la humanidad» pues los muertos parecen estar más vivos que los vivos y es posible volver a sentir emociones, sin que sea necesario descifrar códigos esotéricos, buscar asesinos en oscuros y húmedos valles, descubrir mediterráneos o ajustar las cuentas literarias a nadie.

Y tú, querido lector, querida lectora ¿qué clásico escogerías para esta tarde de domingo?

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