VIATGE A BARCELONA

De este breve y deliberado viaje a Barcelona in medias res, he vuelto con dos sensaciones difíciles de olvidar por su intensidad: desconcierto  y frustración.

Desconcierto del taxista que nos llevó al hotel, del recepcionista, del camarero de la Plaça del Pí, de la librera que me atendió tan exquisitamente …Deconcierto sobre lo que puede ocurrir en las próximas semanas a la vista de lo que ocurrió en las anteriores.

Y frustración porque no hubiera ocurrido para bien o para mal lo que tenía que haber ocurrido y que había sido anunciado a los cuatro vientos, por tierra, mar y aire , y como consecuencia inmediata e ineludible de las acciones que se estaban llevando a cabo.

Y junto con estas dos sensaciones haciendo eco por doquier, he vuelto también con una  severa, sorda y acaso triste convicción del desprestigio de la política y sobre todo de los políticos de turno .

Y es que no hace falta haber leído a Sunzi para saber que el diálogo no lo puede solicitar quien está en la posición más débil porque eso es cuadrarse ante el estoque de matar. Y esto es muy difícil de explicar a dos millones y medio de votantes y a los más de ochocientos heridos del día 1 de octubre…

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