Virtualidades de la ficción ( Sobre Gomorra-la serie)

 

 

Mientras desayuno sin prisa leo en un periódico que el éxito de la serie Gomorra, basado en la obra que Roberto Saviano escribió sobre la Camorra, está teniendo un sorprendente efecto.

Al parecer, tras exhibirse con mucho éxito en las televisiones de un centenar de países, ha impulsado a varios miles de jóvenes napolitanos a ingresar en la organización mafiosa tomando como referencia los modos y maneras que aparecen en los diferentes episodios de la serie.

Aquí el pretendido efecto catártico aristotélico, que debería haber golpeado la sensibilidad ante la extorsión y el crimen encaminándola hacia la reflexión, parece haber sido sustituido por el idealismo platónico en la medida en que ha operado como código último de referencia para la acción, generando camorristas- «gomorristas» los llama la policía- donde antes no los había.

Algo así como, si viendo en su momento como le aplicaban la “bota malaya” a Clark Gable en la famosa película Mares del Sur (Tay Garnett, 1935), en vez de horrorizarnos y condenar abiertamente la tortura, se nos ocurriera fabricar una en casa y ponérsela a nuestro mejor amigo para ver qué pasaba.

Pero claro, 1935 no es 2016. Entonces era posible distinguir bastante bien entre lo que se entendía como ficción y lo que pudiera ser la realidad, algo que ahora no está ya tan claro a la vista de las indistinciones sucesivas que ha generado la virtualización acrítica de nuestras vidas,al albur de tantas grandes y pequeñas pantallas, algo que deberían tener en cuenta quienes pergeñan todas las series que hoy en día se ofrecen en cascada pay-per-view. Pues, como en el caso de Gomorra, en vez de una mera puesta en escena   de secuencias a cuál más cruel y retorcida, acaso están ofreciendo modelos de acción para unas cuantas mentes intonsas fabricadas ad hoc tras sucesivos planes (fallidos) de reforma escolar.

En fin, levanto la mirada al cielo, y el olor a café me transporta hasta el centro de Nápoles, hasta la terraza del Gambrinus frente al Teatro San Carlo. Y suspiro.

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