Bilbainos con obra: Jon Juaristi

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Ayer, al terminar el desayuno de los martes, Mikel me pasó Los árboles portátiles, el último libro de Jon Juaristi. «Sé que te lees todos los que publica, aunque no te los compras todos»  me dijo dándome una palmadita. Y es cierto.Me los leo porque me gusta seguir la pista de los viejos conocidos y también porque, en general ,creo que Jon escribe bien , pero , a veces ,este juicio de valor se homologa al de cuando se decía ( ya no se dice) que el bilbaino  de adopción Rafael Sánchez -Mazas o el   pamplonica Ángel María Pascual escribían magníficamente,  a pesar de su  pertenencia a la carcundia,

Y no,  Jon  siempre ha estado  en otro lado. Cuando coincidimos en la revista El Cárabo, venía de ETA VI y ya era trostkista; después se hizo del PSE-Euskadiko Ezkerra, y , a lo que parece , al cabo milita en  las entretelas del PP. Cómo ha ido de un sitio para otro es algo que explica bastante bien en su , digamos, autobiografía – Cambio de Destino– que me parece lo único salvable   de su obra narrativa. Y  en cuanto a los ensayos , que son más lo suyo, dan que pensar a quien quiera hacerlo, sobre todo desde que publicó  allá por 1997 El bucle melancólico : historias de nacionalistas vascos, que tantos sarpullidos levantó.

Las novelas ya son otro cantar. A mí  Caza Salvaje, me pareció intragable con  esa » tendencia tan frecuente a encandilarse con la misma sociedad que satirizan”  que mencionaba  Edith Wharton hablando de los escritores costumbristas.

Y en cuanto a su poesía, siempre bien aliñada de sonetos profesorales,  poco tendría que decir; tan sólo contraponer estos versos que en su momento me pasó el mismo Mikel y que ya han sido publicados:

Jon, no insistas/que nuestro padres no nos engañaron,/que ellos no hicieron menores las listas/de fusilados, tan sólo quemaron/sus detentebalas almidonados/y en lugar de aquel Cristo , nos pasaron/una hoz y un martillo colorados/para  que  nosotros, sus fieles hijos,/nunca quedáramos decepcionados.

 Pero, en fín, veremos si en este nuevo libro queda algo de aquel discutidor empedernido ( y divertido) con quien nos perdíamos hasta altas horas de la noche por las calles de Vinogrado…

 

 

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