LA IDENTIDAD (y la pospolítica)

( para D. A. , con el deseo de que tenga la oportunidad de combatir la dura canícula con homeopáticas lecturillas)

Con la mejora de la situación sanitaria han vuelto a la palestra pública, de manera más explícita, los temas identitarios que antes de la pandemia del COVID-19 acaparaban la atención.

Y no solo las cuestiones de identidad nacional- nacionalista , como en el caso explícito de Catalunya, sino también otros preteridos por la coyuntura, como la identidad de género, la ecológica o la multicultural.

Por lo general , estos nuevos tipos identitarios han sido asumidos de uno en uno por lo que en sentido amplio suele entenderse como izquierda, toda vez que la derecha política ha tenido suficiente con la identidad nacional y su repulsa a todo lo que sonara a identidad de clase – ¡Ah viejos tiempos en los que la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia hacían buenas migas!

Pero este último aspecto, el de la identidad de clase, es el que precisamente ha traído y todavía trae de calle a la izquierda cuando intenta hacerlo compatible con los nuevos tipos de identidad apuntados. El lío no es en modo alguno novedoso, pues durante muchos años la combinación de nacionalismo y socialismo ha constituido un caballo de batalla de guerras sucesivas, con ganadores inciertos y muchos finales en tablas o deserción.

Hace tres años un joven pensador , Jorge Fernández Gonzalo, publicó Manifiesto pospolíticoRutas ideológicas para la izquierda del siglo XXI.( Dado Ed.),un libro que pretendía dar cuenta de las transformaciones ideológico- sociales que venían produciendose y que probablemente se han acelerado durante la pandemia del COVID-19.

Se podría decir que la obra solicitaba claridad y distinción a la hora de evaluar los nuevos movimientos sociales y mucha prudencia a la hora de asumir reivindicaciones que pudieran desconfigurar, por acción u omisión, la percepción de la estructura de clases sociales que se corresponde a la nueva fase del capitalismo en la que estamos viviendo, algo que los think tanks neo-liberales vienen analizando (pro domo suaof course )desde hace muchos años.

Quizá el estío sea una buena ocasión para hablar de todo esto a calzón quitado y mascarilla en ristre,  intentando dilucidar, sin prisa pero sin pausa, todo ese conjunto de reivindicaciones simbólicas, ideológicas , y sobre todo identitarias que se acoge al curioso nombre de pospolítica

COMENTARIOS:

Contésteme por favor don Vicente. En España (perdón en el estado español) mientras más de «izquierda» se es más sentimientos independentistas se tiene. Es decir, se hace mucho más hincapié en la identidad nacional que en la identidad de clase. Los casos de ERC, CUP, HB, Podemos (o Podemas), BNG, MPAIAC y tantos y tantos otros. Tengo mi modesta opinión sobre el particular pero me gustaría saber la suya que, en todo caso, será mucho más fundamentada. Antonio Gutierro.

Querido don Antonio: La respuesta sería larga, más bien para comentarla durante una comida o un paseo . Pero, basándome en la experiencia generacional y en las investigaciones a las que he podido acceder, puedo adelantarle que ese vínculo que usted establece entre la izquierda y los nacionalismos «periféricos» ( no todos independentistas) se debe a que durante la dictadura franquista, y sobre todo en el tardo-franquismo, el espectro político mencionado estaba en la oposición, estableciéndose una serie de complicidades que después, en la Transición y ya bajo la Monarquía, han sido difíciles de matizar y, en algunos caso, se han vuelto drásticamente contradictorias.
En una de sus novelas de la serie Carvalho – una serie que va recorriendo casi año a año la Transición – el siempre lúcido Manuel Vázquez Montalbán hace decir a uno de sus personajes:»No soy un revolucionario, soy simplemente un antifascista. Ése es un descubrimiento que muchos hemos hecho después de morir Franco y no nos lo hemos clarificado suficientemente a nosotros mismos».
Un cordial saludo y muchas gracias por la atención

2 respuestas a «LA IDENTIDAD (y la pospolítica)»

  1. Modestamente creo que la cosa va mucho más allá. Para mí el problema de cierta “izquierda” es que oponerse es más fácil que construir. La cosa es estar en contra de algo. Algo parecido a lo de Mayo-68 “pidamos lo imposible”. Lo de HB cuando gobernó Guipúzcoa y el Ayuntamiento de Donosti fue paradigmático. Descubrió que el problema número uno de la sociedad guipuzcoana era el de ¿qué hacer con las basuras? En Fin, efectivamente la cosa es para hablarla largo y tendido pero me parece ver en todo ello una absoluta falta de propuestas alternativas viables y se esconden en lo “imposible”. Al fin y al cabo inmadurez.

    1. Como usted apunta, en mucho sectores de la izquierda se vive en un ambiente de oposición supuestamente «compartida» con un toque antisistema. Insisto: son herencias del pasado anti-franquista. Y la mejor prueba de que no es tan compartida es lo que ocurrió con el tratamiento del tema de las basuras durante el gobierno foral guipuzcoano de Bildu que precipitó, precisamente, su derrota electoral.

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